jueves, 22 de noviembre de 2007

Mitos de amor de mujer de muerte


Filis
Llueve afuera. ¿Acaso hay algo más clisé, más doloroso que la lluvia, afuera? Llueve afuera-insisto. Filis demencial no parece percatarse, se protege con la cofia y el paragüitas griego. Caminaste, Filis, 9 veces, ese camino, de ida y de vuelta, de memoria, 9 meses, 9 rutas, 9 veces, del puerto a la ciudad de la ciudad al puerto. ¿Acamante? No vendrá, Filis, no vendrá por la ruta del almendro. Llueve afuera, Filis, se ahorca de la rama más alta, más fuerte de ese almendro en el que se transformó. Afuera llueve, desgarradoramente, nada más triste que esta lluvia y Filis suicida. Una cajita ¡No la abras! Dañarte puede esa cajita qué tiene adentro ¡Acamante, te olvidaste del amor, de Filis, del almendro, de la cajita, de volver, de tu promesa? Llueve, el piso duro, golpeado, afuera.

Ariadna
Ninguna mujer confíe nunca en el juramente de un varón, no nunca, ninguna mujer confíe. Ninguna espere que las palabras de su varón sean fieles, sean verdaderas. Que mi castigo sea sacrificio para que todas aprendamos.
El deseo estuvo allí, servido, y era eso, exactamente. El deseo, el torbellino, de la muerte, embustero, el deseo en el momento supremo, y fue exactamente eso. Ah, el amor, que entró. ¿Seré entregada a las fieras? ¿Ni muerta habrá una mano hermana en esta isla párama que me cubra ni con un puñado de tierra? Dejo escapar agudos alaridos al oleaje. El vestido recogido, obscenidad cruel del desparpajo, el pie desnudo obsceno también, la pierna entristecida desgarrada. La cinta no sujeta tus cabellos, hermosa, Ariadna, el fino tejido, roto, el pecho, el suyo, ligero, su pezón de leche cálida, su tetilla tibia de animal de granja, revolotea todo por los aires agitado, pendiente de vos, Teseo. La ropa caída sobre las algas de la salobre playa con sus ojitos degollados, ganado errante, perdida en el corazón. Y vos, y vos, Teseo, ni miraste atrás, como Orfeo. Golpean tus remos, golpean las aguas, golpean a Ariadna, sola en la isla, a la intemperie , sobre la arena en la playa.

Medea
Parida, ya está parida la venganza. Yo la parí, la venganza, las quejas, las palabras, de pie vertical, la paría, como paren las mujeres, sin varones, sin ayuda. Del mismo modo que fui tras él, del mismo modo me abandonará: regaremos el camino con sangre. ¡Que viva y recuerde lo que le he entregado! Hacia allí vas, hacia la pena. ¿La pena? Sí, nodriza, que pase, Jasón la está aguardando, la pena inconmensurable. Mi honra, sí, también, volverá, mi virginidad perdida, está invitada, no hay vergüenza, no hay mora. Muestra la herida y lo tenemos. ¿Los niños? Que perezcan no son míos, que sucumban libres de nuestros delitos y de la culpa, ay la culpa, siempre, inocentes, lo confieso. No vacilo, no hay lágrimas, no hay reproches. ¡Vuelve a mí, virginidad robada, a mi cuerpo! Un día de fiesta y de boda. El placer, me toma, me captura entera y me penetra, aumenta y se agranda. ¿Te olvidarás de nosotros? No, nunca nos olvidarás. Mi mirada caerá sobre vos, mis ojos que embrujan a los niños, mi pupila fija en vos, los ojos blancos, ciegos bien abiertos. Quiero mirar, quiero verte mientras ocurre el milagro.

Psique
La noche toma control. Las velas vuelan en la casa encantada todo vuela. Una mujer, la sombra la eleva. La muselina amarilla del vestido nube. Cierro los ojos y vuela en su escoba. El día se desliza hacia fuera, hacia la lluvia, lo barro, dentro la noche, hacia la noche, hacia afuera, la escoba, la muselina, los gatos y las velas. No es verdad, irreal, es el amor, el amor es actuar, es noche. Sueños gatunos, almizcleros, tornan la realidad gatuna, alada solo de noche, de día, la soledad. Los gemidos, aúllan como niños, como gatos. Aquí, el lecho, el rumrum del silencio, del jadeo, la escena empieza a ser hilada. La estrella de la cuenca bien dentro mío. Prenderé la lámpara que se hará añicos, quemaré tu alita dulce emplumada, ala de mariposa de noche con aceite hirviendo. Me pincharé el pulgar con tu flecha, con tu rueca, con una flecha. La gota, la sangre, salpicada nuestra cama. Y ni un triste pedacito para mí, sólo para mí. Dormir, soñar, soñar, dormir, por siempre jamás.


Glosario Mitológico


Filis: enamorada de Acamente que fue acogido en Tracia por el rey, su padre, tras ser arrojado por las olas allí. Él le prometió casarse, y le dijo que tenía que volver a Atenas antes. Ella le dio una cajita y le pidió que no la abra nunca. Acamante no volvió en fecha y Filis anduvo 9 veces el camino de la ciudad al puerto y luego se ahorcó. Él se estableció en Creta con otra mujer y abrió el cajita el día que Filis se suicidaba. De allí salió un espectro que asustó a su caballo y lo tiró de la silla matándolo.


Ariadna: princesa, hermana de Minotauro, ayudó a Teseo, a quien amaba, a matarlo contra la voluntad de su padre, el rey de Creta, Minos. Luego abandonó su patria por amor y se fue con Teseo. Este la abandonó en la isla de Naxos, que estaba desierta, mientras ella dormía.
Medea: princesa de la Cólquide se enamora de Jasón que viene a robarle a su padre el vellocino de oro. Medea lo ayuda con su magia y escapan juntos a Grecia. Ella mata a su hermano pequeño en la huída para demorar a su padre. Jasón se casa con ella y tienen dos hijos pero la repudiará para casarse con una mujer más joven, princesa Corinto. Jasón le niega a Medea, que se debe ir desterrada, llevarse a sus hijos, aun sabiendo que tendrá otros con su nueva mujer griega y que los primeros se convertirán, según las leyes, en bastardos sin derechos. Medea, entonces, los mata.


Psique: más hermosa que Venus. Cupido se la llevará a su palacio donde vive sola de día rodeada de criados invisibles. De noche, él la visita, a oscuras sin revelarle su origen. Psique tiene prohibido prender la lámpara y verle la cara. Una noche, transgrede la prohibición porque sus hermanas envidiosas le han dicho que su marido es una serpiente. Entonces al ver quien era su amante, la torpe Psique se pincha el dedo con una de las flechas mágicas de Cupido quedando enamorada. Cupido escapará y Psique deberá cumplir con una serie de tareas imposibles para reconquistarlo. Esta historia da origen a los cuentos La Bella y la Bestia y Cenicienta en su versión original.

Bibliografía obligatoria
Medea de Séneca
El asno de Oro de Apuleyo
Poema 64 de Catulo
Cartas de las heroínas de Ovidio




humilde homenaje a Marosa

2 comentarios:

maría dijo...

qué bueno todo esto Leo

maría dijo...

Leo estas son traducciones de los originales?
ignoro, ignoro
quiero llevarmelas puedo?
besos