martes, 23 de diciembre de 2008

Ayudame a no pedir ayuda: las formas de la sublimación en Emilia Guitierrez




“Nada importante hay en mi vida, en los cuadros está el mundo de mi infancia, que no fue muy alegre”, dijo Emilia Gutiérrez a propósito de su primera exposición individual a los 37 años de edad en 1965. Quizás esta frase deba ser entendida como una petitio principi de la artista que intentaba correr el foco de interés de su vida, tal como lo estila el arte de Occidente, a su obra, porque si a los hechos nos remitimos, la realidad es que la existencia de esta hoy cuasi ignota artista plástica dista mucho de ser corriente y anodina. Al nacer en 1928, su madre sufrió una depresión postparto que desató una psicosis precoz, tal como fue diagnosticada, y pasó el resto de su vida entrando y saliendo de la internación. Emilia –Porota, como le llamaban en casa-, fue criada entonces, junto a sus dos hermanas Hilda y Lidia, por su abuela cuyo nombre era, justamente, Esperanza. A pesar de que Hilda la recuerda como una chica retraída y osca“ que no era accesible ni se brindaba”, a los 35 años, tras separarse de su único marido, Oscar Díaz, debido un romance que tuvo con una amiga y colega de ambos, su situación psíquica de incomunicación empeora y comienza un tratamiento psiquiátrico con medicación por depresión. A partir de entonces y hasta su muerte en 2003, se entrega exclusivamente a sus afectos más cercanos y su arte que alternan dibujo y pintura; ésta última cede terreno a la primera a partir del año 80, por prescripción psiquiátrica (Emilia sufría alucinaciones relacionadas con los colores). Pero, el inquietante rechazo a ver su vida como excepcional no es ni una mentira ni una falsa humildad, sino una invitación a apreciar la obra de “una de las grandes y ocultas cifras sensibles del arte argentino de la segunda parte del siglo XX”, tal como dijera el crítico de arte Raúl Santana. Emilia, que estuvo tanto al margen de las tendencias experimentales de su época como del tono político o social en medio de las altas tensiones de los años 70, exploró su mundo personal de una vida signada por el “contagio” de una enfermedad de otra época, la melancolía, trasmitida de madre a hija, “disparadores” mutuamente de la enfermedad de la otra.

Entre 1475 y 1480, el pintor holandés El Bosco realiza el cuadro “Extracción de la Piedra de la Locura”, incluido entre los grabados satíricos y burlescos de los Países Bajos. Sus compañeros del taller de su único maestro, Demetrio Urruchúa (aunque Emilia también había estudiado 6 años en la escuela Fernando Fader) la apodaron la Flamenca, en honor a ésta, su obra favorita. En ese cuadro, van juntas la locura y la credulidad: representa una suerte de operación quirúrgica que se realizaba en el Medioevo que consistía en la extirpación de una piedra que causaba la necedad, supuestamente los locos tenían esa piedra en la cabeza. Los elementos de la obra son un falso doctor con un embudo en la cabeza que extrae la piedra que en realidad es un tulipán. Su bolsa de dinero es atravesada por un puñal, pues se trata de una estafa. Un fraile y una monja están presentes también: la religiosa con un libro cerrado en la cabeza, alegoría de la superstición y la ignorancia del clero, el fraile tiene un cántaro de vino, claramente se trata de un borracho. El formato del cuadro es circular, remite a un espejo en el cual todos nos miramos, y proyecta la imagen de nuestra propia estupidez o credulidad al mundo. Escrito aparece la leyenda Meester snyt die Keye ras, myne name is lubbert das, “Maestro, extráigame la piedra, mi nombre es Lubber Das”, personaje satírico de la literatura holandesa que representaba la estupidez, es decir «mi nombre es tonto». El Bosco, influido por las corrientes religiosas pre-reformistas en Flandes de la devotio moderna, defendía la comunión directa con Dios sin la intervención de la Iglesia oficial, a la vista del mal ejemplo de los eclesiásticos. La afinidad con esta obra no es ociosa en relación a tema, alusión y estilo. Las figuras de la pintura de Emilia, cargadas de atroz melancolía, remiten inmediatamente al grotesco del pintor flamenco: adultos hipertróficos y oligofrénicos, deformes y humillantes. Personajes, silenciosos como su autora y siniestros como lo que la atormentaba, sea lo que haya sido, como fotos de Dianne Arbus, por ejemplo en Sobremesa (1966) cuyos elementos, simples y mundanos, no dejan de ser sobrecogedores en el conjunto: un cuchillo Tramontina ahí entre las frutas del postre, caras cadavéricas, vestidos de presidiarios. El foco en los detalles en Serenidad del bordado sobre los pechos de la mujer que como un grabado de Durero tiene la mirada perdida. No son estos los únicos datos inquietantes en su relación con la locura y la pintura. Los ojos siempre circulados por ojeras en un arte sin placidez de lucido desasosiego que interpela al admirarlo. En la pintura de Emilia, el tiempo se detiene. No hay dramatismo, ni tragedia, ni resolución. Solo caras ocres de sombras como en La Costurera, o en Después del juego donde las cruces y las tumbas de la muerta aguardan tras la empalizada donde juega a la pelota un niño (niños que son siempre similares a viejos). Esa capacidad de dominar lo extraño a partir de lo simple, de mostrar la tristeza inenarrable llega incluso a las escenas de supuesta felicidad como La playa que en realidad revela lo que tras la superficie se esconde: desde la playa se vería la mano extendida de la mujer que se ahoga en el mar que es lo que se ve en el cuadro. Emilia Gutierrez revela el intimismo, lo inusitado de lo familiar, el extrañamiento, con su fuerte impronta expresionista en el sentido de denuncia del malestar de nuestra cultura que dejar ver la verdad “debajo del disfraz de las apariencias”, como dijera Schoo del Grupo del Plata del cual Emilia formaba parte y junto a quienes expuso en conjunto de 1959 a 1963 (su amigo Carlos Gorriarena, Hugo Monzón, Rubén Molteni, Oscar Andón, Antonio Abreu Bastos, Roberto Brullón y Silvia Vera Ocampo). Asimismo, su hermana Hilda recuerda el gusto de Emilia por la poesía argentina contemporánea. Una de sus poetas preferidas fue Alejandra Pizarnik que en 1968 dedica a su madre la publicación de Extracción de la Piedra de la Locura. Uno de los poemas del volumen, Figuras y silencios, dice “Manos crispadas me confinan al exilio./Ayúdame a no pedir ayuda./Me quieren anochecer, me van a morir./Ayúdame a no pedir ayuda”.

Raúl Santana dijo a propósito de esta artista parafraseando a Adorno en el libro Habitantes de la Luz y de la Sombra, publicado para la muestra retrospectiva homenaje un año después de su muerte: “el tejido psíquico de algunas personas está lleno de cicatrices que fueron heridas, y esas cicatrices marcan las estaciones donde se detuvo la esperanza”. El color fue una de esas paradas con el nombre de su abuela, puesto que un psiquiatra, cuyo nombre fue olvidado por la familia, pero al cual ella misteriosamente obedeció, le prohibió seguir pintando porque al pintar Emilia escuchaba voces y no le convenía para su tratamiento. Por 20 años hasta el día de su muerte Emilia pintó pero sin color, es decir se dedicó febrilmente a las visiones demenciales en dibujos repletos de imágenes que la rondaban, obras en si mismas, no bocetos hacia otra cosa, sino búsquedas recurrentes sobre problemas, donde de tanto en tanto aparece, como una provocación al control psiquiátrico y su prohibición, algún color. El trabajo geométrico con los blancos de página, o las caras espectrales de “Sus rostros” o “Extraña Imagen”. Cantidad de dibujos llenos de puntales y marcos a los cuales la figura central se aferra como en “Cristina”, rastros quizás del eterno mecenazgo y contención de su querida Hilda, y de su cuñado, León Berlín, que la sostuvieron, y sostiene contra el indiferencia, creyendo en ella incluso cuando ella dejaba de creer en si misma. Siempre la infancia sentada junto a la ausencia como en “Tiempo de leer” donde la niña sonámbula de la poética de Pizarnik se ha quedado finalmente dormida en brazos de un sillón del cual pende un libro, literalmente, pero sin cabeza humana. La catedrática y especialista en pintura argentina de mujeres, Diana Wescheler, apunta en Emilia Gutiérrez, libro sobre sus dibujos recientemente publicado con motivo de una muestra que se prepara en el museo Sivory antes de fin de 2008: “Su capacidad para trasladar a través de líneas, tramas y texturas sobre el plano aspectos de una interioridad que no se expresa de otro modo. Luego emergen las palabras”.

¿Qué dirían las voces? ¿Cuáles son esas palabras? Nadie lo sabe y está de más tratar de conjeturar hoy qué agobiaba a Emilia, lo que es lícito es saber qué dice ella aun hoy a través de su arte: cuando nos quedamos a oscuras, las pinturas y dibujos de Emilia Gutiérrez nos recuerdan sin reposo los terrores nocturnos que ella convirtió en creación artística, la sobrecogedora experiencia interior del trauma contemporáneo del ensimismamiento. Al decir de Máximo Simpson “Emilia demostró que tenía mucho que decir y las dijo con enorme intensidad y dramatismo…”. Un arte demoledor, de una artista que no obtuvo ni en vida ni post mortem el reconocimiento merecido al gesto de expresar con las vísceras el malestar individual y cotidiano en cada cuadro.

www.emiliagutierrez.com

lunes, 3 de noviembre de 2008

En nombre de la palabra, Leonor Silvestri viene a Gualeguaychú!!



Para los que amamos la poesía, en el ciclo:
(Leonor x dos) Seminario + Presentación del libro de la autora y lectura de sus poemas.

Los esperamos!

Un saludo cordial, Olga Lonardi





Seminario 'Poesía Argentina Contemporánea de Mujeres'
A cargo de Leonor Silvestri.


Primer encuentro: jueves 6 de noviembre, a las 18: 'Escritura femenina vs. Escritura feminista'.
Segundo encuentro: viernes 7 de noviembre a las 18 :'Genovese, Jiménez, De Ruschi, Ocampo y Belloc'.


Organiza e Invita: Dirección de Cultura de la Municipalidad de Gualeguaychú
Gratuito, vacantes limitadas. Informes e inscripción: Casa de la Cultura.


Leonor Silvestri, (1976) es especialista en Literatura Clásica (UBA), traductora, poeta y gestora cultural.
Colaboradora del suplemento 'Radar Página 12' y la revista de diseño 'Tipográfica', entre otras. Actualmente dirige eventos literarios y forma parte del dúo de música y poesía Menudo Par de Fieras. Publicó el libro de ensayo 'Catulo, Poemas. Una introducción crítica' (Santiago Arcos. 2005).
Fue directora de la colección de autores clásicos para Santiago Arcos Editores/ Traductores.
Participó, entre 2004 y 2006, por concurso, de las clínicas de poesía dictadas en el Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA) y la Casa de la Poesía de la Ciudad de Buenos Aires con: Diana Bellesi, Javier Adúriz, María del Carmen Colombo, Fabián Casas y Andi Nachón.

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Dirección de Cultura
25 de Mayo 734
Tel.: (03446) 427989 / 432643
cultura@gualguaychu.gov.ar

martes, 28 de octubre de 2008

¿Todo poema es de amor, toda guerra es interior?,

tres modos de la poesía social por mujeres
Leonor Silvestri 2008

Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa
Emma Goldman, activista anarquista

La poesía social no ha sido exactamente el lugar más feliz de la literatura argentina, ni tampoco un lugar frecuentado por las mujeres poetas locales. Se comenta que Olga Orozco se quejaba cuando le decían que su poesía no era política. Mito o realidad aparte, -es probable que la sutil línea de lo político y lo social en Orozco fuera invisible a la mirada que exige el panfleto-, ¿cómo se conjuga hoy, a fines de la década del 2000, lo político y lo social en la poesía hecha por mujeres? ¿Cuáles son sus santos y sus señas? Especialmente más allá de la corrección política o las formaciones que se unen para alentar y promover una poética (o tan solo a un individuo) en detrimento de otra. En ese sentido y en contraposición a las poéticas lumpen barriales donde lo político no se efectiviza más que en la loa de una postura de lo peor de la heteronormatividad hegemónica (y no tanto- piénsese sino en un Daniel Durand) algunas poetas mujeres recientemente, de manera consciente o no, realmente no importa, erigen otro tipo de voz política a la hora de poetizar y politizar el género .
2007 fue el año donde desde la editorial independiente y autogestionada Bajo la Luna, una de esas a la vieja usanza donde los poetas no pagan sus ediciones, salen a la luz tres poemarios de mujeres: Salir de Egipto de María Julia de Ruschi, La Hybris de Alicia Genovese, y La Mala Vida de Paula Jiménez. Las tres promovidas por la editorial, no sin una larga data previa de circulación y trabajo en el campo intelectual de la poesía. Tomo a estas tres autoras como la nota (la clave en el sentido musical) en la que se toca hoy la poesía social/política.

Genovese, integrante de la primera línea de poetas argentinos contemporáneos, recordando ese episodio mítico, presenta un libro híper lírico y clásico de amor, odio y guerra a través de arquetipos de mujeres abandonadas y desposeídas por su amante que recuerda a Cartas de las Heroínas de Ovidio, pero en tono serio, a través de claros títulos: La Golpeada, La Excluida, La Desgarrada. La lógica que se moviliza es la del patriarcado donde las mujeres son siempre víctima del daño de un varón. A nivel político su poemario vehiculiza y reafirma que la violencia de género es esencialmente una característica masculina, noción a la cual valdría oponerse, no porque estadísticamente no sea esto cierto que somos las mujeres las grandes víctimas de este tipo específico de violencia sino para hilar más fino en el feminismo y no perpetuar el modelo griego según cuya mitología de los amores extramatrimoniales entre Afrodita y Ares, dios de la guerra, nacen tres hijos: Temor, Pánico, y Armonía.
El poemario se encuentra dividido en tres partes (El mundo inferior, La discordia, La tierra del desorden). El título de la primera sección remite a un claro juego de ambigüedades gracias a la cita insoslayable de aquella heroína mítica que levanta su voz contra el poder, Antígona de Sófocles (Deja que yo y éste mi desatino corramos el riesgo): mundo inferior porque es el que habitamos las mujeres pero también inframundo donde las mujeres que nos oponemos al statu quo (y las que no) corremos el riesgo de terminar visitando como la hija de Edipo.
Si un lujo no puede darse la poesía, y sin duda los otros géneros pagan muy caro, es el de no trabajar con el lenguaje, tarea que Genovese desarrolla con magistral pulimiento en diferentes ritmos y formas lo que redunda en que el libro deba ser leído varias veces para encontrar la veta más lúcida e inconformista a estos poemas de violento enojo y armas que describen cómo el amor se vuelve odio (“Recibir amor, esa migaja/ sólo para compensar/ la brusquedad”; o en “Las delicadezas de la guerra/ no son las del amor;/ un guerrero se entrega/apoyado en su fuerza/ un amante, en su debilidad.”). Asimismo, los poemas de La Hybris (en griego, la desmesura) pueden ser leídas como máximas amatorias griegas de una educación sentimental guerrera que revela la verdadera importancia de la contienda por amor (“Negro es el paladar/ de la guerra…/En la afrenta/ suelta su mordaza/ la mala intención/la ferocidad, /no por vencer/son por zaherir, / no por debilitar fuerzas/sino por destruir/el orgullo de quien combate”). Las imágenes que los poemas crean acuden sin demora a la mente para dar cuenta de la incapacidad de diálogo y de voz como primera pérdida en el agón (“Me retiro muda/ de esta competencia; /que el duro silencio/ de pasos contra el suelo/desbarate réplicas; / que el caos, sin palabras/ de esta marcha, sea/mi blasfemia”).
Nuevamente es Ares quien nos recuerda que su desmesura en batalla le hace perder el combate contra Palas Atenea, diosa de la estrategia, en el episodio del descenso de los olímpicos, de Ilíada. Por eso, las mujeres de las batallas amatorias de este libro saben qué pedir para combatir esa hybris (“Dijo: dolor, /no me empobrezcas, /violencia, /no me enturbies, /dame otra vez, instinto.”). Callar aquí, en el momento preciso, paradójicamente, se vuelve canto (“Con mi silencio hare/ una máquina de guerra, / con retraimiento/ una catapulta…/…con mi oscura/sola decisión de callarme.”). Todas las batallas de Genovese son por amor para poder continuar hablando, a través del mito la política de lo personal y lo familiar que pueda “construir una palabra/para llamar, llamar”. Y esta es una de sus mayores originalidades y su gran retórica del oxímoron: el silencio es la máquina de guerra. Ya Safo en su famoso poema 31, recreado por Catulo en el poema 51, hablaba de “la lengua que estalla” para reponer la experiencia de la imposibilidad de hablar del amor (y de los celos que suscita, ¿será por eso que Spinoza lo consideraba un error?). Lo cierto es que Genovese logra la pirueta de hacer un poema que hable de la guerra del amor a través del silencio (Con mi silencio/un corredor de lava, / un lloradero de fuego/que vuelva/la zona impasable…con mi oscura/sola decisión de callarme.) donde la palabra se vuelva arma “espeso líquido amargo/echado en la cara/ de los buenos modales”.
La guerra, ese lugar que le ha sido vedado a las mujeres, más que como mera víctima de violación y despojo y jamás como hacedora de, como contrincante, ese es el lugar que La Hybris rescata para sus arquetipos de heroínas, se esté (o no) de acuerdo con el significado que ese sublime conlleva sin descuidar por un minuto el alto tono lirico, la imagen y el ritmo y sin por ello volver a esta poesía oscura o hermética: “Ah el placer/brutal de enfrentarlo/ con ladridos primitivos;/echarle encima un mar/ en un repetido / salto estridente de gimnasta/y que caigan, caigan, caigan/las palabras mesuradas,/ el esfuerzo de la comprensión.” Las mujeres de este poemario piden un deseo: la razón, sophrosyne, “más allá de la carne cautivada” para “seguir pensando/con palabras de los días venideros/ más justas y más solas”.

Lo personal es político dijo el feminismo en los 70 denunció como nunca se había hecho antes que una mujer golpeada no es un problema privado e íntimo causado por un amante (varón) anómalo, un loco, sino un problema social, es decir político, producto una sociedad (androcéntrica, sexista, machista, misógina, heterocentrada). Es por eso que el libro de De Ruschi debe ser leído a partir de sus paratextos, lugar donde el poemario comienza realmente. Una cita del Antiguo Testamento es el origen del título: “Con mano fuerte nos sacó Yahvéh de Egipto, de la casa de servidumbre.” (Éxodo 13,14). Más aún, la dedicatoria siguiente reafirmará quiénes salen de la casa de la servidumbre (“a quienes en los centros para la Mujer nos ayudan a salir de Egipto”). No es esta la historia de todo pueblo convertido en esclavo, sino sólo una parte, la de mayor número, que funciona, incluso a sus expensas, como pilar y sostén, y la mano, la mano que golpea y acaricia y la otra mano que hermanada, ayuda a salir. Y si la mano es símbolo no solo de la violencia de género causada por la marginalización en una poeta como Irene Ocampo que demuestra que el supuesto sujeto de la revolución tal como lo expresa Mileo en su libro Poemas del sin trabajo (Ediciones en Danza, 2007) no es tan maniqueamente bueno a prueba de balas, el golpeador del poemario de De Ruschi no tiene ni atenuantes ni formas de ser explicado. Su violencia es la más injustificada de todas, no hay manera de comprenderla: es la misógina, lisa, llana y simple como la mano alzada de un machista sobre la cara de una mujer.
El filósofo francés Bonnefoy enseña que “todo poema esconde en su fondo un relato, una ficción”. Este texto habla, por sí mismo y claramente, de los golpes que las mujeres reciben de los diferentes varones que habitan sus vidas, en especial de este Yo lírico del poemario, esta mujer (“seré mujer, con todas las desventajas/ de no ser mujer sometida/claras”) a través una poética, desde algún punto de vista, con ecos de Rosemberg, especialmente en cuanto a la disposición visual de los textos, para encontrar su narrativa experimental, bien entendida, que no desatiende la dimensión política (“con la niña sofocada en la tintorería/con la niña ahogada entre los desperdicios/ del carrito de su padre cartonero/ con la niña subida al banquito, a colgar la ropa con alegría/ con la niña rota, quemada, asfixiada/ con todo el miedo de la niña gritando” o en V “el niño que vende ajos no tiene edad/no va a la escuela/no tiene frío o no tiene ropa/ cuando habla un hambre incolora/mueve los hilos/ se descosen sus labios/ se evapora como un duende” ). Asimismo, De Ruschi logra una poética que insiste en escribir con toda la paleta de palabras existentes, y se atreve a volver a utilizar ésas que la preceptiva de los talleres literarios prohíbe cual receta de cocina; y mediante pulidas metáforas, como por ejemplo “zapatillas de silencio para caminar a la sombra”, demostrar que lo único que realmente paraliza es el miedo a no poder expresarse/escribir (“el miedo es el silencio puro/ un sueño/ donde no puedo hablar/ni oír”; “yo misma/detrás de los ojos,/escucho mi miedo, mi miedo alucinante, antiquísimo/que yo no quería ver ni oír,/el mal, la locura/ servidos en la mesa/ ante una imagen moribunda”).
Los poemas son devastadores, no se encuentra aquí la poética de las tribulaciones minimales sino la presencia de asuntos importantes que se mueven a partir de dos arquetipos míticos contrapuestos: Artemis, diosa de los bosques que le pide a su padre que le conceda un arco como el de su hermano, Apolo, y la virginidad eterna (“corrí por algo más que mis niños, que duermen a salvo/alimentados por un árbol de luz/ y este mundo que amor, de presencias/corro por la diosa, por raudos caballos que galopan/al atardecer, cuando el sol ya no me ciega…Artemis, corro por mí”); y Alcestis, esposa ejemplar y abnegada, que ofrece su propia vida a cambio de la de su marido, como una sati que es arrojada a la pira funeraria de cónyuge. Tres son los poemas dedicados a este último personaje donde el clásico tópico de la enfermedad del amor se invierte para dar lugar al amor enfermo (“ése es el tirano/ése, a quien cuidaste como a un hermano pequeño/ése,/el incestuoso, que no se arrancará los ojos/para ver/golpeará tu cabeza/intentará cegarte/para no oír su nombre/ de tus labios/no subas al lecho, negro altar/ poco vale para él otra vida/la vida de una mujer, menos aún”; “…Alguien prefiere/la esclavitud a morir en el desierto…”).
De Ruschi se afirma, con pericia y talento, en la escuela de hallar poesía, que no quiere decir precisamente belleza, en tópicos que otrora una poeta nunca hubiera usado. Y más allá de las referencias míticas que permiten la identificación, no sin pavura, ante aquello que casi no permite se expresado por palabras, las diferentes capas revelan el poder que emana de poder escribir con toda la cultura (grecolatina) en la palma de la mano, donde la dimensión política no desatiende que lo personal es también político (“el niño que vende ajos no tiene edad, no va a la escuela/ no tiene frío o no tiene ropa/ cuando habla un hambre incolora/ mueve los hilos/ se descosen sus labios/ se evapora como un duende”). Resemantizar y resignificar así también la mano de aquella que deja de ser víctima pasiva para convertirse en sobreviviente que puede contar.

La mala vida, nombre de su poemario que, junto a la potente cita del poeta maldito francés Antonin Artaud (Soy el único juez de lo que está en mí.), pone al lector sobre aviso acerca de lo que aquí se encontrará. No es éste el típico libro que el mandato dicta que una mujer debe escribir: ni las señoritas del amor, ni las intelectuales posmodernas. Paula Jiménez escribe como mujer, acerca del lugar de la mujer y sus interlocutores, en la larga cadena de participantes en la adicción a drogas, pero sin sesgo de compasión o descanso. La moral está oculta, se accede a ella difícilmente, pero se está. Sin embargo, el proyecto tácito de La mala vida parece ser hacer poesía y hablar poesía con lo que no se dice y no se habla, a través de poemas que dejan sin aire (“no va a ser mío si te pasa algo, el forro está entero. No digo palabra. Desde acá/ te veo ir hasta el baño, arrojar los residuos/ en el tacho y abrir una canilla/ oxidada. Escucho caer el agua todavía/ que hace diez años te lavó las manos”).
El lector desciende a un submundo con sus historias más truculentas y fascinantes de dealers mujeres bolivianas, bebés disecados rellenos de droga, policía mafiosa, aguantaderos, y todo sus sutil trasfondo político y social de abandono y desesperación de aquellos, incluso, que parte de la sociedad tilda, aún hoy, como criminales, y divide las aguas entre unos y otros: “Algunos se van de vacaciones y se traen/ tardecitas en la playa de recuerdo, paisajes/ que no pueden describir, siempre todos/comentan los hoteles y los precios/Cuando Edu se fue de mochilero/ al Paraguay me contó a la vuelta: “Yo quería/ comprar porrito en la frontera y vino un tipo/ con un pibe a upa./ Me lo ofreció también/ por unos mangos…”. Pero si bien el texto poético es narrativo y minimalista, sin metáforas, despojado de toda torpe adjetivación que oculte o modalice, lo que es susceptible de ser leído en estos poemas nos recuerda algo de lo que Catulo sabía y transmitía con su poema número 16: que se puede hacer escatología casi con la técnica más pulida, y que lo lírico depende de la forma, que es su contenido, porque lo lírico no está dado por la elección de temas elevados. Tal así es el caso del poema anteriormente citado, que hasta se da el lujo de contener un priamel, al estilo del poema 16 de Safo. La aparición de la palabra “precios”, como si del recuerdo bucólico de las vacaciones lo único que la clase media asociada al poema pudiera comentar fuera los hoteles y cuanto costaron, anticipa que lo que sigue tampoco es mejor. Pero si un poema es algo más que la expresión del sentir interior o incluso algo más que una forma de describir la realidad, es decir una forma activa de construirla, este texto y quizás una buena parte del poemario de Jiménez padezca de los mismos vicios de esos “algunos”. La sorpresa ante el remate del diálogo del poema (“…´ ¿podés creerlo?´. ´Sí. ¿Qué/ le dijiste?´. ´Nada le dije, yo que sé. Ya tengo´.”), que es una constante que se puede rastrear en todos los textos, tiene algo del sesgo de una clase social que no se aviene a comprender que ella es cómplice activa en aquella marginalización que luego comenta y que se convierte en su tema de conversación (o de poematización). Más aun, si el libro abre con la noche en la que los personajes entran a merca a un conventillo, incluso arriesgando la vida, para terminar envidiando a una familia (“...Me acompañaba un eco que era mezcla/ de risas, voces, cacerolas, un vida/ de esas donde nadie/ está solo. Podía imaginarme un patiecito/ con piso de baldosas, el interior roído/ de un living comedor, la tele/prendida, una familia. / Yo a veces siento/ envidia de esas cosas. ”), la experiencia con los estupefacientes se convierte en algo más que un mal que en vez de generar experiencias en otro sentido llega a causar la muerte como en el poema del criador de perros labradores con su vieja de LSD del que no vuelve.
Como sea, los 18 poemas de este breve libro dejan actuar sus historias a través de los cortes de verso que hieren como navajas con su realidad donde la colocación aparentemente azarosa de ciertas palabras le dan un nuevo vuelo. La mala vida ni condena ni contiene, ni reprime ni explicita de más (“casi llegamos a tener lo que queríamos, una vida al revés/ de los demás, pero era igual”), y allí radica una de las mayores originalidades de este contundente texto del cual desearíamos más allá del regodeo autobiográfico una iniciativa de discurso por la construcción de una nueva realidad.

Con todo, las poetas han entrado y popularizado lo social (lo político) en la poesía de una manera que en otros tiempos solo unas pocas tenían la capacidad (y el talento) para concitar (pienso en Juana Bignozzi por ejemplo). Y, al mismo tiempo, se alejan de la impronta partidaria (o política) para plasmar su texto en pos de una línea de afirmación más sutil, impregnada de las ideas de movimientos sociales que supieron ser de lucha, como el feminismo, aunque hoy este subsumido en la batalla por las ONGs y los subsidios, rescatando tácitamente lo que de ellos ahí de valido y no impugnable para adentrarse con la palabra y la labor poética en terrenos vedados a las mujeres, y vedados a la poesía para destilar, al decir de Genovese, dolor, violencia, instinto, otra vez.

viernes, 17 de octubre de 2008

“Era difícil tener sexo en la Antigüedad”

Culturas / Edición ImpresaOpiniones de una especialista

Poeta y teórica, Leonor Silvestri dicta un curso sobre las homosexualidades en la época clásica con una mirada polémica.

Hernán Brienza17.10.2008

Leonor Silvestri es menuda, morocha. Vive en San Telmo con tres gatos a los que adora y homenajea con su poética. Es una militante de género, anarcolibertaria, muy peleadora –se le nota en los ojos negros y feroces que no se quedan quietos– y dicta desde hace varios años talleres sobre “(Homo)sexualidades en el mundo antiguo. Del mito a la construcción de la realidad”. Partiendo del clásico en la temática El banquete, de Platón, recorre la Ilíada –con la historia de Aquiles y Patroclos– los textos de Catulo, Safo, hasta concluir en el estudio de la Teogonía, de Hesíodo. En su departamento, la poeta, periodista y ensayista dice: “Hoy no hay más visibilidad de la mujer. Que Cristina Fernández sea presidente no es un avance, yo soy libertaria y tengo problemas con el poder, lo ejerza quien lo ejerza. No hubo un avance con respecto a las sexualidades, sólo que como dijo Foucault se sofisticaron los mecanismos de control. Es más difícil de detectar, pero no hay menos represión”.

Silvestri formó parte de la Academia, de la cátedra de Literatura antigua, hasta que optó entre su trabajo como académica o como poeta y militante de género, por estos últimos. “Siempre me interesó intermediar entre los eruditos que producen los libros y quien lo hace circular, con el afuera, lo activo, la divulgación que sirve para tomar conciencia. Los talleres son una manera de mirar el mundo antiguo, tienen que ver con sacar la literatura que muere en el academicismo y ponerla en el hoy”, agrega Silvestri, quien además trabaja en una investigación sobre derechos y delitos sexuales, con Matilde de la Iglesia.

–¿Por qué habla de homosexualidades?

–Porque no creo que se pueda hablar de homosexualidad en el mundo antiguo, porque “homosexualidad” es un movimiento político y social que se inicia en el siglo XX en la revuelta de Stonewall. Pero, además, me cuesta hablar en esos términos refiriéndome a la idiosincrasia que tienen en el mundo antiguo las relaciones homoeróticas, me cuesta llamar homosexualidad a una relación entre un varón adulto y un niño de entre 12 y 18 años. Ese intercambio sexual no es homosexualidad. En la modernidad se considera pedofilia, un delito, y en la Antigüedad es una iniciación y está relacionado con la formación de ciudadanos para la polis, con el Estado, un sistema que tiene que ver con la padeia.

–Platón dice que el amor entre hombres es más elevado que el del hombre y la mujer.

–Los textos dicen que hay una Afrodita Urania y una Pandemos. La primera es la que tiene que ver con el cielo, son amores más elevados, entre dos personas del mismo sexo, libres y con una relación asimétrica, no son dos adultos de la misma edad, son un erómeno (el adolescente) y un erastés (el adulto). El activo es un guía, un adulto que enseña incluso en la restricción, en el poder decir que no, no en la entrega a cualquier persona adulta. Pero, cuidado, porque éste es el programa que le interesa a Platón para llevar adelante en la polis, es una prescripción, no una descripción. Me cuesta pensar que, si bien la práctica estaba extendida, nadie se enamoró nunca de una mujer.

–¿Qué ocurría con dos hombres en igualdad de condiciones?

–Era considerado una degeneración. Porque un adulto sigue siendo un erómeno. Eurípides mantuvo a un erómeno durante 30 años, pero siempre en asimetría. En principio un hombre adulto que le gustaba que lo penetraran analmente era considerado un degenerado. Provocaba el escarnio social. Un adulto tenía que tener control sobre sí y no permitir que penetraran su propio cuerpo. Otra cosa es el modelo educativo. Estamos hablando de hombres libres, porque el esclavo es una cosa. Había prostitutos y bailarines profesionales, pero eran considerados una degeneración.

–La mujer ocupa un lugar relegado en el mundo griego, obviamente.

–Atenas produce una paradoja. La mujer con más privilegios, la más libre es la que más excluida y segregada está. Se queda en su casa en el gineceo, no sale ni a hacer las compras. Después hay hetairas, que son prostitutas. Hasta las extranjeras tenían mejor lugar, una de las mujeres más poderosas de Atenas fue Aspasia de Mileto, la compañera de Pericles. Son sociedades misóginas y excluyentes. Por eso a mí me interesa una mirada estrábica.

–¿Cómo es esa mirada?

–Claro, mirar los textos de manera distinta. Ver lo que no nos quieren decir y traerlos al presente.

–¿La homosexualidad no era una práctica alternativa, entonces?

–Las prácticas homoeróticas estuvieron siempre presentes y en Grecia ser un guía no era una marca de contracultura sino de la alta cultura, lo cual no quita que sí hubiera degenerados que estaban del lado de lo contracultural. Es un error suponer que ahí está el germen de la homosexualidad que estalló en los años 60. Me niego a pensar en lo homosexual como un tipo común, puesto que la heterosexualidad es un orden político, la homosexualidad tiene el germen de la subversión, las relaciones entre erómenos y el maestro no son subversivas, son la entrada a la sociedad civil.

–¿Roma replica el modelo griego?

–No, se vuelve más restrictiva. Roma es conquistadora y centralizadora. La cuadrícula de la estratificación sexual es más estructurada. Pero hay ciertas prácticas sexuales más relajadas con mujeres libres en relación a la mujer ateniense. En Roma hay mujeres que no son femeninas, como las tribades. A la Antigüedad le cuesta mucho pensar la sexualidad entre dos mujeres, porque piensa que las pibas se aburren sin miembro, su nombre viene del verbo frotar, las tribades son transgénero que muchas veces no se reconocían y copian tanto la masculinidad hegemónica que tienen relaciones con esclavos, son muy masculinas.

–Según su visión, el mundo antiguo no era tan divertido como habitualmente se lo muestra.

–Era muy difícil tener sexo en la Antigüedad, es un mito aquello del bacanal y la orgía. Había una serie de reglas y protocolos difíciles de quebrar. Igual, creo con Foucault que hay un uso del poder que es activo y que con la represión se encuentra la resistencia y la divulgación clandestina acerca de cómo sortearla.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Taller de Mitologia en San Telmo


Taller sobre (Homo)-sexualidades en el mundo antiguo.

Del mito a la construcción de la realidad



Coordinadora: Leonor Silvestri



Se trata de un curso de 6 clases para desmitificar la opinión vulgar sobre Grecia y Roma y la administración de sus sexualidades suele pendular entre una férrea disciplina prusiana hacia una eterna bacanal orgiástica donde los niños eran el plato principal, siempre confundiendo Grecia con Atenas y el Imperio Romano con Nerón. Nos proponemos deconstuir los mitos que rondan el imaginario de las sexualidades en diferentes momentos históricos de ambas culturas para hincar el diente en los debates actuales sobre las sexualidades y las expresiones de género contemporáneas como ser la bisexualidad, el matrimonio GLTB, y el abuso de infantil en la sociedad patriarcal.



Acerca de la Coordinadora:

Leonor Silvestri (1976) es poeta y especialista en literatura antigua, dicta talleres de mitología grecolatina desde 2003, año en el que abandonó la investigación académica para comenzar a dedicarse full-time al activismo de género y a la poesía. Ha publicado 3 poemarios, y un ensayo sobre las poesías de Catulo. Actualmente forma parte del equipo de redacción y producción del suplemento GLTB SOY de Página 12.

Comienza el miércoles 1 de noviembre (Duración: 6 encuentros de 1.30 cada uno aprox)

Todos los miércoles a las 19 hs.

En Librería Fedro

Carlos Calvo 578

4300-7551

info@fedrosantelmo.com











El Recorrido:



Clase uno

Todo no se puede. Pederastia y Pedofilia en las diferentes ciudades de Grecia. Normas, leyes, y costumbres para amar a los muchachos. El Banquete de Platón.

Clase dos
El amor guerrero en Ilíada de Homero. Aquiles y Patroclo. La “verdadera” homosexualidad griega. Los heteroflexibles hoy y Secreto en la Montaña.

Clase tres y cuatro

Las mujeres griegas, tres momentos: Homero, Atenas y Esparta.

Clase cinco

Las chicas solo quiere divertirse: El amor entre mujeres en Grecia y en Roma. Safo, la insoslayable. Lesbianismo, bisexualidad y amor libre hoy.

Clase seis

Arriba, abajo, al centro y adentro: las posiciones corporales en el protocolo sexual romano. BondageSadoMasoquista: la herencia.





· Cada clase tiene una duración de 2 horas y es una clase debate .

· Los textos teóricos y los literarios serán comentados y trabajados en clase a partir de diferentes enfoques, priorizando el sociológico y el literario.

· No es necesario tener ningún conocimiento previo. El curso es de divulgación de la literatura grecolatina en su forma literaria.

· El arancel total del curso es de $150 por las 6 clases.



Informes: 4383 1321

silvestrileonor@yahoo.com.ar

http://todonuevobajoelsol.blogspot.com





Bibliografía (no citada en el itinerario)



La homosexualidad en la mitología griega de Bernard Sergent

Según Natura, la bisexualidad en el mundo antiguo de Eva Cantarella

Mujeres romanas de Tacita a Sulpicia de Eva Cantarella

Las experiencias de Tiresias de Nicole Loraux

El sexo y es espanto de Pascal Quignard

Homero, Ilíada de María Cecilia Colombani

Hesíodo, Teogonía de María Cecilia Colombani

La imagen del sexo en la antigüedad Comp. Sebastián Celestino Pérez

Women in Ancient Greece de Sue Blundell

Las coacciones del deseo de John Winkler

martes, 23 de septiembre de 2008

Taller de Mitologia en San Telmo


Taller sobre (Homo)-sexualidades en el mundo antiguo.

Del mito a la construcción de la realidad



Coordinadora: Leonor Silvestri



Se trata de un curso de 6 clases para desmitificar la opinión vulgar sobre Grecia y Roma y la administración de sus sexualidades suele pendular entre una férrea disciplina prusiana hacia una eterna bacanal orgiástica donde los niños eran el plato principal, siempre confundiendo Grecia con Atenas y el Imperio Romano con Nerón. Nos proponemos deconstuir los mitos que rondan el imaginario de las sexualidades en diferentes momentos históricos de ambas culturas para hincar el diente en los debates actuales sobre las sexualidades y las expresiones de género contemporáneas como ser la bisexualidad, el matrimonio GLTB, y el abuso de infantil en la sociedad patriarcal.



Acerca de la Coordinadora:

Leonor Silvestri (1976) es poeta y especialista en literatura antigua, dicta talleres de mitología grecolatina desde 2003, año en el que abandonó la investigación académica para comenzar a dedicarse full-time al activismo de género y a la poesía. Ha publicado 3 poemarios, y un ensayo sobre las poesías de Catulo. Actualmente forma parte del equipo de redacción y producción del suplemento GLTB SOY de Página 12.

Comienza el miércoles 1 de noviembre (Duración: 6 encuentros de 1.30 cada uno aprox)

Todos los miércoles a las 19 hs.

En Librería Fedro

Carlos Calvo 578

4300-7551

info@fedrosantelmo.com











El Recorrido:



Clase uno

Todo no se puede. Pederastia y Pedofilia en las diferentes ciudades de Grecia. Normas, leyes, y costumbres para amar a los muchachos. El Banquete de Platón.

Clase dos
El amor guerrero en Ilíada de Homero. Aquiles y Patroclo. La “verdadera” homosexualidad griega. Los heteroflexibles hoy y Secreto en la Montaña.

Clase tres y cuatro

Las mujeres griegas, tres momentos: Homero, Atenas y Esparta.

Clase cinco

Las chicas solo quiere divertirse: El amor entre mujeres en Grecia y en Roma. Safo, la insoslayable. Lesbianismo, bisexualidad y amor libre hoy.

Clase seis

Arriba, abajo, al centro y adentro: las posiciones corporales en el protocolo sexual romano. BondageSadoMasoquista: la herencia.





· Cada clase tiene una duración de 2 horas y es una clase debate .

· Los textos teóricos y los literarios serán comentados y trabajados en clase a partir de diferentes enfoques, priorizando el sociológico y el literario.

· No es necesario tener ningún conocimiento previo. El curso es de divulgación de la literatura grecolatina en su forma literaria.

· El arancel total del curso es de $150 por las 6 clases.



Informes: 4383 1321

silvestrileonor@yahoo.com.ar

http://todonuevobajoelsol.blogspot.com





Bibliografía (no citada en el itinerario)



La homosexualidad en la mitología griega de Bernard Sergent

Según Natura, la bisexualidad en el mundo antiguo de Eva Cantarella

Mujeres romanas de Tacita a Sulpicia de Eva Cantarella

Las experiencias de Tiresias de Nicole Loraux

El sexo y es espanto de Pascal Quignard

Homero, Ilíada de María Cecilia Colombani

Hesíodo, Teogonía de María Cecilia Colombani

La imagen del sexo en la antigüedad Comp. Sebastián Celestino Pérez

Women in Ancient Greece de Sue Blundell

Las coacciones del deseo de John Winkler

jueves, 18 de septiembre de 2008

Mitos Trans


Cuenta Homero que Afrodita -Venus para los romanos-, diosa del amor, solía engañar a su marido, el dios cojo y herrero, Hefaistos, con el fornido dios de la guerra, Ares. Hefaistos, alertado por Apolo delator de la situación y cansado ya de los engaños, que, sea dicho de paso, no se limitaban solo a un tórrido romance con Ares, atrapó a su esposa in fraganti, desnuda junto a su amante con una red mágica y los exhibió en su pudor frente a todos los Olímpicos. Al ver la belleza y la perfección de ambos cuerpos trenzados en tensión contrapuesta no pudieron sino ruborizarse en un episodio que la antigüedad conoce como “La sonrisa de los dioses”. De esta unión nacieron tres vástagos: Phóbos y Deimos (el miedo y el terror, respectivamente, compañeros de su padre en el campo de batalla), y Harmonía, (como Heráclito testimonia “todas las cosas son una, al divergir convergen, (h)armonía propia del tender en direcciones opuestas, como el arco y la lira”). Entre los que con placer espiaron la cópula divina se encontraba Hermes, que exclamó que no le molestaría ser sorprendido en la posición de Ares con tal de compartir el lecho con Afrodita. La claridad en el deseo a veces entraña buenos resultados, y Hermes obtuvo su premio de la diosa amiga de las sonrisas. De esa otra unión, nació un muchacho tan hermoso como la belleza de sus padres, y en honor a ellos fue llamado Hermafrodito. A la edad de 15 años, se encontraba vagando él en una laguna en la región de Licia. Allí, una ninfa de río, Sálmacis, la única desobediente a las órdenes de la diosa virgen Artemis, no caza ni corre ni practica con su arco, como las otras náyades. Lo único que le place es peinarse la larga cabellera, y contemplarse, hermosa, en sus propias aguas. Sálmasis vio al joven Hemafrodito, atraído por el frescor de la laguna, y deseó poseerlo inmediatamente, con la misma voracidad con la que solo los varones suelen desear en la mitología grecolatina. Pero el muchacho, que ignoraba qué era el amor, la rechazó, y amenazó con abandonar el sitio si ella no se retiraba. Sálmacis, astuta, retrocede y se esconde para observarlo de entre los arbustos como una voyeur. Él, cual una suerte de Coca Sarli de la antigüedad, creyéndose tontamente solo, y cautivado por la tibieza de las aguas, se libera de toda ropa y entra a la laguna. Sálmacis arde apasionada porque ha vencido, Hermafrodito se metió en su elemento. Ella lo abraza enloquecida y aunque él intenta, en vano, zafarse, Sálmacis suplica a los dioses “que ningún día se separe de mí”. Los dos cuerpos se funden literalmente en uno, del cual no podrá decirse nunca más si es varón o es mujer. Ha nacido un ser dotado de una naturaleza doble, de una hermosura sin igual, que porta ambos sexos, para la antigüedad clásica, un ser bisexual, un “hermafrodita”.
No es éste el único cambio de sexo. Tiresias, uno de los testimonios místicos y autobiográficos más descarnados del amor entre varones, de Marcel Jouhandeau, reproduce el diálogo con su amante Richard en el momento de la penetración: “Es un dolor agradable, ¿soy el primero en dártelo a conocer? Recíbelo como si te dotara, por arte de mi varita mágica, de un segundo sexo.” Tiresias, el famoso adivino hijo de la ninfa Cariclo, que les vaticina tanto a Edipo como a los padres de Narciso el futuro penoso de ambos. Pero su poder para la adivinación no es natural, sino un don compensatorio. Una vez, quizás por aburrimiento, Tiresias vio a dos serpientes unidas en cópula y las hirió golpeándolas con un palo para separarlas. Como resultado de la intervención, y sin ninguna lógica o solución de continuidad, cosa común en los mitos, Tiresias quedó convertido en mujer. 7 años más tarde, inductivamente volvió a repetir el experimento, y al ver a dos serpientes en la misma posición, las golpeó, retornando así a su sexo de partida. Pero su aventura de cambio de sexo de ida y de vuelta le valió fama y renombre... Zeus, dios máximo de los Olímpicos, intentaba justificar frente a su hermana-esposa, Hera, sus infidelidades, señalando que las mujeres gozan más en la relación sexual. Por supuesto, Hera no estaba convencida, y decidieron consultar a un especialista a, alguien que hubiera tenido ambas experiencias y por ende pudiera dirimir la cuestión. ¿Quién goza más? Tiresias, sin un atisbo de duda, falló a favor de Zeus: él ciertamente podía afirmar que las mujeres gozaban más, lo había vivido. Enfurecida Hera decidió cegarlo de manera permanente, y Zeus lo compensó con el don de la adivinación (que en otras tradiciones míticas, como el Himno creado por el poeta alejandrino Calímaco, es producto de ver desnuda a Palas Atenea). Psiquis y subjetividad únicas la de Tiresias, que transcendió los límites de ambos cuerpos.
Tampoco él es el único: Ifis descendiente de Ligdo y Teletusa, una familia pobre de la isla de Creta, aunque se trate de un mito con fuertes influencias egipcias. Ligdo le había ordenado a su esposa que si paría una niña, se la mataría porque no estaban en condiciones de alimentar la inútil boca de una hembra. Pronta a dar a luz, a Teletusa se le apareció la diosa Isis, para los griegos identificada con la Luna, Selene, junto a todo su séquito: Bubastis, la diosa cabeza de gata; Anubis, el dios cabeza de perro; Apis, toro negro con una mancha blanca en la frente; el dios halcón Horus, representando en esta aparición como un niño con un dedo en la boca que pide guardar silencio; y Osiris, marido de Isis, desmembrado por su propio hermano, Set, y vuelto a la vida y rearmado por su esposa. Mandó la diosa a que criara a la criatura cualquiera fuera el sexo, ella estaría allí ayudando. Teletusa obedeció, una vez más, y cuando alumbró a una hembra, mintió. El padre le llamó Ifis, como su propio padre, y Teletusa se alegró de un nombre unisex. Ifis fue criado y educado, como un niño, y a los 13 años, lo prometen como marido de la rubia Iante, con quien compartía la edad, la belleza, y el sexo biológico, aunque esto era un secreto. Ifis y Iante se amaban ya, y todo hubiera sido motivo de infinita felicidad sino fuera por esos pequeños detalles insalvables para la antigüedad. En un sincero rapto que muestra las tensiones con el homoerotismo en la antigüedad, Ifis se lamenta interiormente, se siente un monstruo: “Ni el amor de una vaca abrasa a una vaca ni el de las yeguas a las yeguas…ninguna hembra se arrebata por el deseo a otra hembra.” Incluso llega a pensar que su amor hacia Iante es aun peor que el de la reina de Creta, Pasífae, en su disfraz de vaca, creado por el ártifex Dédalo, para que pueda copular con un magnífico toro, y luego concebir al Minotauro encerrado en el laberinto: “…la hija del Sol amó a un toro, ciertamente una hembra a un macho, mi amor es más insano que aquel…busca (Ifis) lo que es lícito amar y ama lo que debes como mujer.” Desesperada su madre Teletusa aplaza la boda aludiendo malas visiones, o fingiendo enfermedades, hasta que se le agotan las excusas. Ya casi perdida toda esperanza, acuden al altar de Isis y suplican la ayuda prometida por la diosa. Al salir del templo, la transformación se produce, e Ifis convertido en varón alarga el paso, aumenten sus fuerzas, y la expresión de su rostro se endurece definitivamente. Ifis transformado deja entonces un ex voto para la diosa que le asistió “Paga un joven los dones que siendo mujer había prometido Ifis”.
Si seguimos leyendo las versiones de Ovidio, Venus, la diosa del amor, Juno, la diosa del matrimonio, e Himeneo que preside el cortejo nupcial, fueron de la boda de Ifis y Iante, a otra que tuvo realmente un final trágico: Orfeo y Eurídice. Al breve tiempo de estar casados, muere Eurídice porque pisa una serpiente venenosa. Orfeo no se resigna a perderla y baja al Hades, la morada de los muertos, a pedir que le devuelvan a su amada, con su canto poético-mágico y su lira (que para algo sirva ser el poeta lírico por antonomasia, capaz de conmover a las piedras, que para algo sea útil el carmen - poema, en latín, tanto como encantamiento, hechizo o canción- . La diosa del inframundo, Perséfone, que también sabe de desgracias y pérdidas, se apiada de él y se la devuelve con una sola condición: “no mires atrás hasta salir”. El final, creación latina, quizás por influencia con el relato de Lot en Sodoma cuya esposa es convertida en estatua de sal por haber mirado atrás, es conocido por todos: Orfeo, tomado por un rapto de locura, y desesperado, mira atrás, perdiéndola dos veces. Durante 7 días deja de comer pero su canto finalmente retorna; se allegan hasta donde se encuentra penando los elementos naturales, las plantas, y los árboles, todos de connotación homoerótica, como el ciprés, que remite a Cipariso, amado por el dios Febo, que mató, por error de un lanzazo a su ciervo favorito, y pidió, a pesar de las suplicas de su dios amante, morir. Orfeo canta y canta a los jóvenes amados por los dioses, entre ellos el enamorado de Zeus, a quien no solo atraían las mujeres, Ganimedes, de la tierra Frigia, la misma de Atis, el eunuco pasivo y afeminado, sacerdote de Cibeles. Y también canta Orfeo a Jacinto, otro de los amores de Apolo y asesinado, por error. Pero Orfeo incluso se lo recuerda gracias a otro hecho más maravilloso: tras la pérdida de Eurídice, nunca más deseó tener contacto con otra mujer, siendo él, según Ovidio, el creador del amor entre varones, lo que le vale la muerte por descuartizamiento a manos de las despechadas mujeres de Tracia.
Amor improbus omnia vincit. El amor inmoderado todo lo vence en la palabra del mythos que todavía nos habla a través de los antiguos textos. Cuerpos y amores que se fueron transformando de una sexualidad a otra, de una expresión de género a una distinta en trance de placer, es decir de política.

Metamorfosis Ovidio (Cátedra)
Diccionario de Mitología Griega y Romana, Pierre Grimal (Paidos)
Según Natura, la bisexualidad en el mundo antiguo, Eva Cantarella (Akal)
Las experiencias de Tiresias Nicole Loreaux (Biblos)

jueves, 4 de septiembre de 2008

Taller de (homo)-sexualidades en el mundo antiguo



ojo que el afiche corresponde a otro taller pero ya pondre el de este
Taller sobre (Homo)-sexualidades en el mundo antiguo.
Del mito a la construcción de la realidad

Coordinadora: Leonor Silvestri

La opinión vulgar sobre Grecia y Roma y la administración de sus sexualidades suele pendular entre una férrea disciplina prusiana hacia una eterna bacanal orgiástica donde los niños eran el plato principal, siempre confundiendo Grecia con Atenas y el Imperio Romano con Nerón. Ni tan tan ni muy muy. Este taller se propone deconstuir los mitos que rondan el imaginario de las sexualidades en diferentes momentos históricos de ambas culturas para hincar el diente en los debates actuales sobre las sexualidades y las expresiones de género contemporánea con sólido conocimiento de causa.

El Recorrido:

1) Todo no se puede. Pederastia y Pedofilia en las diferentes ciudades de Grecia. Normas, leyes, y costumbres para amar a los muchachos. El Banquete de Platón.
2)El amor guerrero en Ilíada de Homero. Aquiles y Patroclo.
3)Quien golpea recibe golpes. Súper varón, feminidad, y heridas de macho. El modelo de Hércules.
4)Las griegas, dos momentos: Homero y Esparta.
5)Coerción y estafa. Hechizo griegos amatorios
5)Libertad vs Libertinaje. El gran mito de la promiscuidad romana y sus leyes sobre homosexualidad y adulterio. Catulo, Tibulo, Sulpicia.
6)Las chicas solo quiere divertirse : El amor entre mujeres en Grecia y en Roma. Safo, la insoslayable.
7)El asco sucede al acto de Venus. El erotismo romano y las ruinas pompeyanas.
8)Tácita Muda diosa femenina. ¿Existió el matriarcado? De Bachofen a Gimbutas.
9) Addenda: Palabra, poder, verdad. Hesíodo y Teogonía.


• Cada eje será abordado en 2 clases de 1.5 h cada una (aprox.).
• Los textos teóricos y los literarios serán comentados y trabajados en clase a partir de diferentes enfoques, priorizando el sociológico y el literario.
• No es necesario tener ningún conocimiento previo. El curso es de divulgación de la literatura grecolatina en su forma literaria.
• El arancel del curso es de $ 65 por mes.

Informes: 4383 1321
silvestrileonor@yahoo.com.ar
http://todonuevobajoelsol.blogspot.com
Todos los sábados 14:30 hs en adelante…en Librería El Gualeguay- Pachecho 2251 (y Olazábal) - Villa Urquiza- Capital Federal
Arrancamos en sábado 11 de Octubre

Bibliografía (no citada en el itinerario)
Metamorfosis de Ovidio
La homosexualidad en la mitología griega de Bernard Sergent
Según Natura, la bisexualidad en el mundo antiguo de Eva Cantarella
Mueres romanas de Tacita a Sulpicia de Eva Cantarella
Las experiencias de Tiresias de Nicole Loraux
El sexo y es espanto de Pascal Quignard
Homero, Ilíada de María Cecilia Colombani
Hesíodo, Teogonía de María Cecilia Colombani
La imagen del sexo en la antigüedad Comp. Sebastián Celestino Pérez
Women in Ancient Greece de Sue Blundell
Las coacciones del deseo de John Winkle

jueves, 14 de agosto de 2008

Taller de Lectura de Poesia


Placer con P de Poema

Taller de lectura creativa de Poesía Contemporánea Argentina


Por Leonor Silvestri.

silvestrileonor@yahoo.com.ar



La poesía, todos la escribimos, pero ¿quién la lee? ¿quién la comprende? Leer poesía, la de hoy, la que se está escribiendo ahora, la que circula en los encuentros de lecturas, la de los poetas vivos (y los no se fueron hace tanto), entenderla plenamente, gozarla, interpretarla. Convertirnos en lectores y lectoras creativos, profundos, agudos y activos. Superar el miedo que producen los versos, superar la etapa del deslumbramiento y avanzar hacia los textos, sus ritmos, sus cadencias, y sus recursos en grupo de interpretació n distendido, donde prime el disfrute pero que de cuenta del aparato crítico necesario para acceder al poema, sus misterios y sus especificidades. Partir de la idea de que el significado de la obra de arte se completa en la instancia de la recepción, para devenir lectores que terminan de escribir la obra en un diálogo y un debate con el poema.



Nos encontraremos una vez por semana y leeremos no menos de un poema de un poeta contemporáneo argentino que a su vez nos lleve a leer todas las referencias y textos necesarios de otros poetas de otras regiones, y si fuera necesario crítica literaria.

Partiendo del texto veremos los recursos con los que se arma el poema, sus trucos , sus afinidades, las escuelas, los grupos… Que la poesía circule por fuera del microcosmos poetil, que se encuentre felizmente con sus lectores…

Un taller para toda aquella persona que le guste el ritmo de la poesía, que quiera conocer a los y las poetas de hoy (y de ayer), de aquí (y su diálogo con los de otros lados) y que guste del trabajo de comprensión y lectura activa de un texto en grupo.



Breve Itinerario Poético de autores

Gelman, Bellesi, Rosemberg, Carrera, Thenon, Orozco, Pizarnik, Belloc, Freidemberg, Lamborghini, Perlongher, Viel Temperley, Girondo, Noy, Gianuzzi, Juan L. Ortiz, Gruss, Bignozzi, Bossi, Juan José Hernández, Paula Jiménez, Reynaldo Jiménez, Cella, Arijón, Nachón, Méndez, Rubio, Gambarotta, Wittner, Riera, Durand, Borges, De Ruschi, Genovese, Desiderio, Darío Rojo, Gabriela Franco, García Carril, Mileo, Mattoni, Aulicino, Fondebrider, De Napoli, María Moreno, Maresca, Fernanda Laguna, Pavón, Viola Fisher, Fabián Casas, Norah Lange, Aldo Oliva, Enrique Banchs, Paulina Vinderman, Vignoli, Prieto, Yasán, Muxica, Sylvester, Miguel Ángel Bustos, Colombo, Gabriela Bejerman, Llach, Mallol, Cassara, Fijman, Dipasquale, Viegas, Medrano, Prado, Bustriazo, Olivari, Liliana Ponce, Edwards, etc

También habrá espacio para que quienes asistan al taller sugieran poemas y textos de otros autores



La cita es en La Librería El Gualeguay, Jueves de 18:30 a 20:00. Arranca el Jueves 4 de SEPTIEMBRE.

El Gualeguay Libros: Pacheco 2251 - Villa Urquiza - Capital Federal - Tel 4524 3680


El arancel: $60.

Los materiales estarán a disposición de quienes asistan al taller.

Informes e inscripción: silvestrileonor@yahoo.com. ar



Ojo, este no es un taller de escritura, es un taller de lectura porque para poder escribir poesía hay que leerla primero.



CV de la Coordinadora del Taller



Leonor Silvestri, (1976), poeta, traductora, especialista en Literatura Antigua por la Universidad de Buenos Aires.
Colabora como periodista cultural con Página 12 (Radar, Las 12 y SOY), y Revista Ñ (Clarín), y la revista 90mas10 (diseño).
Publicó el libro de ensayo Catulo, Poemas. Una introducción crítica (Santiago Arcos. 2005); y los siguientes poemarios bilingües (español -inglés) auto-traducidos: Después de vos (Ardiente Claridad. 2007. Con ilustraciones de Cristina Lacenlotti), el curso. mitología grecolatina. (en formato libro- objeto CD-rom. Voy a salir y si me hiere un rayo. 2006, con un subsidio otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires); y Nugae, Teoría de la traducción (Simurg. 2003). También, las plaquetas Sobrepoesía (Número 6), EUzine (número 7), “La pista” (para 2 Obras), “Chic*s” y “Traducciones” para Zorra Poesía, “Hacia Federico, Instrucción de Viaje”, y “Margaret Hassan” (entre otros). Forma parte de la antología Memoria del Festival Internacional de Poesía de Qutzaltenango, 2008, Animal del Monte, Guatemala; Luz y Fuerza (Milena Caserola, 2008), las antologías autogestionadas Felicidades También (2006), del taller de Diana Bellesi de la Casa de la Poesía de Buenos Aires; y de la publicación de la 1ª Feria del Libro Independiente (FLIA-2006). Forma parte del CD Poetas del Rock del sello Veneno Discos de próxima aparición.
Dirigió los 12 tomos de ensayos sobre literatura antigua para Santiago Arcos Editores/Traductores.
Tradujó al español y compusó una versión de “I’ll be back” del The Beatles para ÚBIKA junto a Julietta Monson publicado en el EP En el Fondo del Mar. Versiones al español de poemas de Denise Levertov, Safo, Catulo y Sulpicia han sido publicados en Revista El Jabalí y Debate, entre otros.
Participó, entre 2004 y 2005, por concurso, de las clínicas de poesía dictadas en el Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA) y la Casa de la Poesía de la Ciudad de Buenos Aires con las siguientes personas: Diana Bellesi, Javier Adúriz, María del Carmen Colombo y Andi Nachón.
Tomó clases de escritura creativa en inglés durante el 2006 con el poeta irlandés Kevin Higgings en el Galway Arts Centre, Irlanda, donde residió durante la primera mitad del 2007, y donde ha estudiado previamente en otras dos oportunidades.
Se dedicó a la Gestión Cultural durante 5 años. Coordinó y organizó la sección de literatura y de los eventos literarios (Brandon Gay Lee) de la ONG "Brandon Gay Day", los ciclos de lectura itinerantes Aullidos, Lo dejo a tu Criterio y Free Winona. Colaboró en la edición de varios festivales Belladona y eventos en el Centro Cultural Ricardo Rojas y Centro Cultural de la Cooperación, entre otros.
Su instalación visual-poesía sonora “Media Clase” fue presentado en el Centro Cultural de España en Córdoba junto a la revista Ácido Surtido, donde también ha participado. Formó parte de Transamérica, encuentro entre artistas, docentes y activistas americanos, coordinador por Francisco Nájera y Paula Viturro, en el Centro Cultural de España en Buenos Aires.
Participó en el Festival Internacional de Rosario (2006), y en el Cuarto Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango, Animal del Monte, en Guatemala; y en el V Encuentro Internacional de Poetas “El Turno del Ofendido”, en El Salvador, ambos en 2008.
Como divulgadora de la poesía grecolatina y activista de género brindó talleres, conferencias, y cursos para CC Ricardo Rojas, Casa de la Poesía Evaristo Carriego, Universidad Nacional del Nordeste, Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, ATEM, UCES, Casa de la Poesía de Buenos Aires Evaristo Carriego, Centro Cultural de la Cooperación, Federación Libertaria Argentina, entre otras organizaciones. Ha publicado artículos de investigación, periodísticos, de opinión, reseñas y traducciones en diversos medios académicos nacionales e internacionales.
Fue adscripta a una de las cátedras de Latín de dicha universidad y miembro de un proyecto de investigación Ubacyt F034-2000-2004 dentro de cuyo marco desarrolló su trabajo sobre teoría de la traducción e intertextualidad a partir del modelo autobiográfico de las poesías de Catulo. Participó en diversos proyectos orientados a la traducción de obras en prosa y poesía, dirigidos por catedráticas del área de Letras Clásicas de dicha universidad. Abandonó la carrera académica para dedicarse full-time al activismo y a la poesía.
Actualmente prepara la compilación de poetas irlandesas contemporáneas para Bajo La Luna Editores, con un subsidio a la traducción del Irish Literature Exchange. Prepara una obra de teatro sobre Antígona, Clitemnestra y Medea con el grupo de teatro Moiras. Y ensaya su performance poética/visual Trans(generidad) con Daniel Bazán Lazarte.

sábado, 9 de agosto de 2008

Transamerica- Posmodernidad


Transamérica, confrontando las porosas fronteras de la posmodernidad del 30/10 1/11 2007. Charla con artistas, escritores y activistas latinoamericanos en el CCEBA (Lohana Berkins, Kingston González, Mauro Cabral, Marcos Luczkow, Andrés Ramírez, Ana Sierra, Tatiana Kleyn, Marlene Wayar, Fracisco Nájera y Lidia Blanco).

A finales del mes de Octubre y principios de Noviembre, el Centro Cultural de España en Buenos Aires planteó una mesa donde artistas, poetas, docentes, y activistas de género de Latinoamérica se reunieran para dar cuenta de las experiencias diversas ante el derrumbe de lo que el sentido común llama Occidente, para, colectivamente, redefinir deseos, sexos, culturas. Al término de las 4 jornadas, mantuvimos una charla conjunta que intenta responder al interrogante de qué y para qué es la posmodernidad.
Como fenómeno que se expresa en todas las expresiones actuales, la posmodernidad se inicia en arquitectura y de allí deriva a los estudios culturales que abordaban el tema de la industria cultural. Sin embargo, éste es un fenómeno que ha tenido mala prensa. En el campo intelectual latinoamericano, en general, los y las artistas niegan ser parte de la posmodernidad por sus connotaciones reaccionarias con el fin de la historia, tal como lo entendió Francis Fukuyama, las ideas del fin del humanismo, o crisis de grandes relatos que den cuenta y expliquen y resuelvan, de manera científica, el mundo y el devenir hacia el progreso. Así entendida, verdaderamente no dan ganas de pertenecer(le).
Sin embargo, si la posmodernidad es una parte de la línea tiempo que ocurre después de la modernidad, entonces es una parte de la historia misma. Por eso, primeramente no cabe suponer un sentido común que se le pueda adjudicar al término como simple re-estructuración económica de las artes que se mueven bajo la estética del valor de número de ventas de los países desarrollados, especialmente porque el término adquiere definiciones diversas entre estos países y otras latitudes como ser África, Asia, o Latinoamérica, donde la historicidad ha sido expropiada a ciertas identidades de género, que aún están tratando de historizarla. Por eso, ¿dónde se sitúa el arte en este contexto cuándo no todos sus productores han transitado la modernidad?
Quizás una clave supone considerar una diferencia entre posmodernidad y postmodernismo, siendo éste último una potencialidad estética, una herramienta cultural, hasta incluso un arma. Desde una perspectiva postestructuralista, el postmodernismo como tendencia artística produjo discursos de liberación y cuestionamiento de la visión iluminista y positivista totalitarias, para convertirse en un conocimiento en constante construcción colectiva, sin verdades absolutas, que no por eso debe ser entendido como un relativismo in extremis, sino como contra-narrativa que denuncia cómo el conocimiento genera ignorancia, y como la supuesta ignorancia porta saberes y disfrute. También habilita la gestión de espacios a las literaturas y artes de los márgenes, mediante el cuestionamiento de los discursos hegemónicos impuestos, que otrora podían definir unívocamente qué cosa era arte y qué no sin un atisbo de duda, incluso entre las expresiones emergentes que se proponían desmarcarse, sin llegar a lograrlo. En cambio, las voces del postmodernismo, en y desde las resquebrajaduras, empiezan a expresarse incluso sin articulación, tentativamente, sin la certeza absolutista de saber, a ciencia cierta, qué dicen, mientras los géneros estallan como tales y aparecen hibridaciones textuales resistentes: novelas que parecen poesía, combinación de géneros, relaciones entre plástica y literatura, música y poesía, sin siquiera reclamar un “nuevo arte”, sino más bien un modo de vivir. Aunque, tal como rápidamente se advierte, el postmodernismo tampoco es per se y a priori un fenómeno deseable en sí, porque puede ser producto manifiesto de la pobreza, el ensimismamiento y el aburrimiento de la hegemonía que se permite mirar lo que hacen los otros, cuando, hastiada de su sociedad de consumo y en busca de experiencias nuevas, se da el lujo de dejarse penetrar por otras subjetividades alternas. Más aún, puesto que los registros del arte y la literatura todavía han sido configurados en y por la modernidad, aunque estas voces hablen sin necesidad de abandonar sus espacios y regiones propios de expresión, bajo su propia lógica e iniciativa discursiva, no significa que las estemos escuchando.
Lo cierto es que la identidad del artista ha abandonado el mesianismo que precipitó a varios de sus intelectuales orgánicos al vacío, literalmente, tanto desde el liberalismo como desde el socialismo. Y escribir, hoy más que nunca, en un contexto específico, sin tiempo y donde persiste el hambre, es desestabilizar, el lenguaje y las realidades construidas mediante el lenguaje, y crear mundos estético-políticos que cuestionen las formas de decir y entender el mundo y fomenten la organización desde la interpelación permanente de todo lo establecido. Los y las artistas emergen y exhiben no sólo las miserias, sino también las complicidades que ellos mismos tienen, junto a la sociedad toda, en el mecanismo de reproducción de muerte. Como manera de concebirse, el arte posmodernista cuenta con la posibilidad de liquidar la hegemonía que se porta consigo, para incluso plantearse desde el resentimiento y el dolor y manifiestar el compromiso con la lucidez para mirar alrededor que redunda necesariamente en un deseable inconformismo.
Mientras la posmodernidad es un registro de funcionamiento como moneda de cambio de economías discursivas incluso contradictorias (por ejemplo, en el agón político “posmoderno” es sinónimo de “falta de compromiso”, mientras que cuando alguien se llama a si mismo “posmoderno” intenta calificarse como libre frente a las grandes narrativas) que acepta el devenir liberal con una nueva mística; el postmodernismo como corriente estética problematiza certezas, empuja los propios límites, para interpelar las moralidades hegemónicas y no acomodarse en la normalidad. La postmodernidad como mero discurso reconstructivo de la muerte de la razón iluminista nos lleva a creer que las cosas sólo son modificables en términos de reivindicación, resarcimiento y reconciliación. El postmodernismo, como horizonte de expectativa deseable y deseante, como proyecto que socava el poder y la razón iluminista, desacraliza géneros y esencias, que se tornan conceptos huecos rellenados ad hoc con nuestras necesidades de lucha concreta. Por fin, los padres se han ido, estamos solos; y ya no importan ni el respeto ni la aceptación si con ellos algo de nuestra dignidad individual se pierde en el camino.

Textos de consulta
Las estructuras históricas. Frantisek W. Galan
La cultura en plural. Michel de Certau
La guerra de las imágenes. Serge Gruzinski
Culturas Híbridas. Nestor García Canclini
Tiempo Presente. Beatriz Sarlo
La Posmodernidad. Fedric Jamenson

martes, 10 de junio de 2008

Selección de el curso.mitología grecolatina de Leonor Silvestri



ed. Voy a Salir y si me hiere un rayo.2006

Thisbe

Me contentaré con escribir
por las grietas
que otros poetas
Grandes
mucho más grandes que Yo
me han dejado.
Por las grietas
las fisuras incompletas
como Thisbe
de los cimientos de esta casa que se derrumba
sobre las sobras no queridas
por otros poetas
las migajas del banquete
de este cielo incandescente
de este sonido oculto
escondida de los padres
a media noche
un cielo de dioses
bóveda de héroes
otra vez
pero Diferente.











Andrómaca

Se levantará tu mirada
en el instante de tu muerte
del otro lado de la muralla de la ciudad fortificada
como la mano de un ahogado del futuro naufragio de Eneas

Tus miradas por todas partes así surgirán

Yo, tu mujer, seré el testigo ciego y mudo
porque soy mujer
de tu cruel y merecida muerte

¿Qué sabemos nosotras del morir y del guerrear?
Del telar y de la rueca, de eso, se supone,
Sí, sabemos.

Quizás
ya no habrá tiempo
para que hablemos, una vez más
para que te convenza de
que he sido una buena mujer
que he sido sólo tuya, tuya más que esta tierra
que es sólo eso
para que te muestre a nuestro hijo
que es más tuyo que de nadie
para que te conmuevas
que me debés, porque te he sido fértil
y te he gozado las Diosas saben cuánto
cuando me tomabas.

Nada perdura en esta tierra.
Ni el amor.
Ni nosotros.
Ni nuestra estirpe.
Ni esta ciudad.

Como una mano
mi corazón se encierra.
Qué no me vean llorar
desde abajo los enemigos.
Ya habrá lugar para que yo lloré
como la mujer de Ayax
sobre lo que me dejen de tu cuerpo ultrajado
mientras lo limpio con el agua tibia
como siempre he hecho
en la hora de tus últimas exequias

Si me preguntan
mentiré
diré que no te he amado.
Todo será inútil.
Igual me llevarán
descalza atado el cuello y las manos
como una perra esclava.
Seré botín y alimento de otros hombres
seré sirvienta, de esos, otros.

A vos y a mí la Moira nos espera,
pronto, pronto, pronto.
Pero lo que yo sentí en el momento de tu abrazo,
necio Héctor, eso, que es sólo mío,
no se lo llevarán ellos.



























Ayax



Si yo tuviera amante las palabras de Orfeo
podría convencerte que no te quites la vida.

Oh gloria, triste gloria asesina.
¿A quién le importa, guerrero?
Soy mujer, no me pidas que entienda eso.

No te vayas.
No me dejes sola.
A mí, que volveré a ser lo que era
una esclava, una extranjera en tierra extraña.

Piensa, Ayax, piensa, que no hay tiempo.

Serás grande, el más grande
aun si permaneces vivo aquí conmigo
que muerto ahí abajo.









Héctor


Tanto soñé con esto que pierde su realidad.
El tiempo para alcanzar tu cuerpo vivo
y besarlo mientras lo aniquilo.

En esta danza de guerra
ahogar en esa, tu boca, los gritos
alaridos de mujer que lanzarás,
aunque sos ése, el gran guerrero de Troya,
el poeta ciego nos recuerda
“El pudor estoico no había sido aún inventado”
y gritarás, te lo prometo.
Recordar así mi voz amada del que te me llevaste,
Héctor.

Tanto soñé con esto que mis manos
habituadas a estrangular el aire
ahora rendido delante de mí
no saben qué hacer.

Tanto soñé con esto,
que no podré salir de este instante
ahora que lo he conseguido.
Sobre el carro daré mil vueltas con tu cuerpo atado.
No comeré, no beberé por siete días,
como el vate tras la pérdida de su musa ninfa.

No entraré en razones.
Me negaré a todo más que a matarte
a reventar ese cuerpo nefando
que se llevó lo que era mío.

Pareceré vivo, pero hace rato
que me has matado, Héctor,
antes, quizás, de este momento
en el que te entregaré a la sucia muerte.

Tanto soñé con esto, tanto lloré y me tendí al lado de él
que sin mí ya se ha ido,
un recuerdo, una sombra
que ya nada me resta.

Sino,
hacerte fantasma,
que otros te adoren,
te echen en falta,
que se paseen tristemente
noches enteras con sus días
por los espacios deshabitados
que dejaré sin tu vida.








Patroclo

Como una mano que eriza sus falanges buscando el cielo con sus yemas
se cae tu espada,
Patroclo.

Como una mano que se crispa en el mismisimo instante de la Moira
se extiende tu mirada que se corta como el hilo.

Querido, amigo,
ahora sin vos
Yo.

Una voz en el campo de batalla
que grita.
Y yo.
Y yo qué puedo hacer.

Los poetas ya han escrito sobre esto:
El sudor y el aliento de los caballos al galope.
El polvo levantándose.
La sangre y el olor a muerte por doquier.
Ya las malas traducciones han cantado mi futura venganza,
mi desmesura, siempre lo mismo:
siete días y sus noches flagelando el cuerpo muerto de tu asesino, Patroclo.

Pero
no han mencionado
la pena extraordinaria.
Ahora sin vos
Amigo, Patroclo, Yo.

No han mencionado
el vino escanciado, la fiesta al frescor y
el calor del verano seco.
La pasión de los cuerpos guerreros
y las esclavas
y nosotros
amándolas, amándonos.

Ahora sin vos
Yo
Sin tu mano firme sobre mi cuello
Sin tu voz ardiente
Susurrante
como un niño egipcio, esclavo, sin su Alejandro,
Ay, Patroclo, qué haré yo.

















Pentesilea

Demasiado buena para ser mujer
Demasiado hábil
Demasiado diestra
Ay, Demasiado Demasiado.

Ese arco
Esa flecha
que se clava
que se clava bien adentro
Mío
en el momento de tu muerte,
Pentesilea.

Debo matarte para que no te mueras.
Debo matarte para poder hacerte mía.
¿Acaso querrías de otra forma compartir conmigo tu cuerpo de guerrera virginal?
Lo lamento, Pentesilea:
La épica no escribe de mujeres que aman a mujeres.

Te veo caer
como una pluma
liviana tu gracia de golondrina
Herida
Moribunda
Agonizante.

Aun así te resistirás
como el león Penélope sitiado por los pretendientes.
Tendré que tomarte por la fuerza
como se toma todo en la guerra
como se toma a las mujeres.

¿No lo sabés acaso, Pentesilea?:
Serás mía
aunque deba matarte.















Aquiles


Se vino abajo en medio del polvo.

Aquiles, salvaje estrella en plena noche
luz más hermosa que la belleza misma.

Y vos, Héctor, contraído como un cóndor
se cierne tu cuerpo todo
blandiendo punzante espada.

Si la historia fuera otra,
todos queríamos que ganes vos, Héctor.

Dirigiendo a tu rostro los mis ojos
ya te voy conociendo.
Somos hermosos y somos varones
roca y encina
sobre las que el muchacho y la muchacha
conversan.

Te envuelve la muerte te envuelve
fuego lento, suave vuelo, eterna juventud
Divino
Pecado
Matáme suavemente.



Odisea

Aunque me acueste con todos
pretendientes glotones
sé que volverás

Esperás mi regreso
Vendrás a mí, lo siento
Vendrás por mí, lo siento
vendrás vendrás vendrás

Aunque me acueste con todas
diosas, nenas, hechiceras
sé que volverás

Esperás mi regreso
Vendrás a mí, lo siento
Vendrás por mí, lo siento
vendrás vendrás vendrás

Al fin,
lloró el anhelo súbito
el cuerpo, un sol,
nadador exhausto
ansía náufraga de tierra bañada
se regocijó la mirada
los brazos en torno apretados
para siempre.

PEREAT QUI NESCIT AMARE DISTANTI

Perezcan los que no saben amar a la distancia








Las Madres

Medea y Clitemnestra
toman el té
hablan de sus hijos
más amados que la propia vida
de sus familias y de sus vecinos.
De sus maridos hablan, sí también.
Mostraron la herida
luego los tuvieron
¿Nos olvidarán?
NO NUNCA NOS OLVIDARÁS.






Anactoria

Unos jinetes
Unos caballos
Unos ejércitos
Algunos otros
Yo en cambio
Yo
Alguien está enamorada
Corazón corazón
Pájaro enjaulado


El amor es un oxímoron
Estalla en silencio
Lengua muda
Cortada en el suelo
Aún palpita

sábado, 7 de junio de 2008

La isla de la fantasía


Viernes, 9 de Mayo de 2008

SON


Algunos habitantes de la Isla de Lesbos elevaron su
indignación a la Corte Suprema griega: como auténticos lesbianos/as de este planeta, quieren prohibir el asqueroso uso de su gentil gentilicio...





Por Leonor Silvestri

¿Cómo se llamaría a una mujer que vive en la Isla de Lesbos cualquiera sea su preferencia sexual? ¿Y a una que mantiene relaciones sexuales y afectivas con otras mujeres, pero que vive en Oslo? Esta encrucijada plantearon tres isleños, dos mujeres y un varón, de la antigua cuna de la poeta Safo y llevaron hasta la Corte a un grupo de activistas Glttb por “insultar la identidad” de los habitantes de Lesbos. “Mi hermana no puede decir con la frente bien alta que es ‘lesbiana’”, declaró su vocero, Dimitris Lambrou. “Nuestro gentilicio fue usurpado por señoras que no tienen conexión geográfica con nuestra tierra.” Los demandantes, en una maniobra con tintes mediáticos lesbofóbicos un poco demodé para los tiempos L World que corren, exigen que no se pueda usar “lesbiana” excepto para hacer referencia a una isleña. Por su parte, la Comunidad Homosexual y Lesbiana Griega afirma que se trata de “una broma de mal gusto, porque no se entiende cómo esta palabra puede ser considerada un insulto, cuando desde las Naciones Unidas hasta los diccionarios utilizan para designar a las mujeres que aman a mujeres”.

Lesbos, frente a las costas de Asia Menor, es uno de los destinos de vacaciones favoritos para lesbianas, perdón, mujeres que aman a mujeres, y fue proverbialmente reconocida en la antigüedad por la belleza de sus lesbianas...

Y además, Safo no era tan lesbiana.

La antigüedad clásica la elevó al nivel de “décima Musa”. Pero lo poco que se sabe de ella viene de otros poetas que no la llegaron a conocer. Se conserva una brevísima parte de toda su producción como para hacer ninguna afirmación taxativa acerca de su sexualidad o vida. Se supone que tuvo marido e hija y que se exilió debido a las guerras civiles entre la aristocracia local a la cual pertenecía. Para quienes anhelan ver en Lesbos y Safo los vestigios de una sociedad matriarcal antecedente de un lesbianismo político y radical, sólo sea dicho que Safo les cantó principalmente a las mujeres que se iban a casar con un varón, y que la supuesta institución de mujeres que presidía se trataría de un espacio para preparar buenas esposas. Safo fue respetuosa reproductora de la sociedad de su tiempo, dividida en castas, donde los cuerpos de esclavas y esclavos pertenecían a sus dueños, las mujeres completaban su existencia con un matrimonio beneficioso para la casa familiar, que era dichoso si era fértil en descendencia, y con un modelo educativo no exento de iniciaciones con niños y niñas, para horror del pensamiento progresista contemporáneo.

Si se la desmitifica, es posible ver en lo mucho que fue borrado y en la manera errática en la que sus textos son transmitidos hasta hoy (libros de gramática, poetas que la traducen, papiros con sus poemas envolviendo momias en Egipto, pedazos de cerámicas rotas u ostraca) el deseo de los copistas posteriores de desterrar toda representación de una sexualidad entre mujeres escrita por una mujer, aunque eso en el momento histórico en el que Safo vivió no fue, per se, disruptivo, ni revolucionario, sino parte de su statu quo que la poeta supo llevar a la perfección máxima. De las ediciones en español, la única confiable con la que contamos es la de Pablo Ingberg (ed. Losada) que, respaldada por la famosa edición canónica de Page, no puede estar errada; otros intentos poéticos locales se quedan a mitad de camino entre la filología y sus reglas sin llegar a la belleza de las recreaciones de poetas como Ann Carnson, que re-escribe a Safo magistralmente.

Bombero

Viernes, 30 de Mayo de 2008

A/Z




El término “bombero” para designar a una lesbiana hipermasculina y, por ende, extremadamente visible, se hunde en la noche de los ‘80. De origen incierto, poco usada por las generaciones más jóvenes, comparte su lugar junto a marimachas o marimachos, chongos (chonguitos también, con cariño). En terminología del primer mundo se trata de la butch, que lleva el ser lesbiana como un estigma inocultable en el cuerpo: su look todo, cara, cuerpo, modos, peinado, gestos, ropa, la delata. La bombero reviste una performance que la aleja del “mujer” que la sociedad impone. Siguiendo a la pensadora Judith Halberstam, las bomberos construyen, consciente o inconscientemente, una masculinidad que no emerge de un cuerpo anatómicamente macho. Esto las hace tanto deseadas como temidas, no sólo por quienes llevan adelante el estandarte de la “normalidad” sino por quienes creen en esencialismos biológicos. Como es de público conocimiento, las identidades generan exclusiones. De allí que, además de que la bombero no puede (y muchas veces además no quiere) ocultarse, lo cual en algún lugar remoto las hermana a la identidad travesti, a la vista de todas y todos, es muchas veces señalada con el dedo por la comunidad lésbico-gay, porque quien sale con una de ellas es fácilmente detectada como lesbiana. Para colmo de males, navegando por los sitios de encuentros lésbicos, o charlando con lesbianas en boliches, se descubre que muchas lanzan la siguiente frase discriminatoria por omisión: “Me gustan las mujeres, pero sólo si son bien femeninas, si son mujeres”. Por su parte, el investigador Pablo Ben ve una relación con el gusto gay por el tipo grandote como símbolo de la masculinidad. El bombero es uno de los personajes favoritos de película porno gay, el estereotipo de machote. A pesar de la connotación despectiva de la que goza, la lesbiana bombero es susceptible de soportar una lectura trans de cruce de géneros: tan masculina es ella que hasta viene con manguera, demostrando una vez más que natural/normal no hay nada y que el tamaño de la prótesis sí importa.

entrevista a Diana Bellesi


Viernes, 6 de Junio de 2008



Furia y resentimiento
Huir del pueblo a los trece años, llevar un libro del Che bajo el brazo, caer seducida por las militantes feministas americanas, iniciar una amistad con Ursula Le Guin con unos capullitos de plátano, son algunos de los pasos que ha dado –y no en falso– la poeta Diana Bellessi para llegar a ser quien es. Este año la editorial Adriana Hidalgo reedita su Obra Reunida, que incluye el famoso y agotadísimo Eroica.



Por Leonor Silvestri
Foto Juana Ghersa

¿Cómo comienza tu emigrar en busca de tu individualidad?

A los trece años salí por primera vez de mi pueblo, Zavalla, a una ciudad vecina, porque en el pueblo no había secundaria. Luego vinieron los años de pensiones en Rosario, mientras estudiaba en la universidad. Las pequeñas geografías de los pueblitos se vuelven asfixiantes como un corse, sobre todo para una joven rebelde. Es difícil sobrevivir allí si no estás atada a los modelos más tradicionales. Durante el onganiato cargué la mochila y me fui, primero a Chile, donde se vivía la efervescencia previa a que el Frente Popular ganara las elecciones. Más tarde seguí mi viaje por Latinoamérica.

¿Por qué Latinoamérica?
—Soy de una generación que creció con el concepto de la patria grande. En aquel momento, lo mejor de viajar era no saber qué iba a suceder o cuánto iba a durar tu viaje; el mío duró seis años. Volví un año y medio antes del golpe del ’76 y me instalé en Buenos Aires, una ciudad de la que ya estaba enamorada. Luego las cosas se pusieron tan duras que me fui al Delta del Paraná, en circunstancias históricas terribles, que todos conocemos. No quería irme del país porque había pasado mucho tiempo fuera de él. A pesar de que en las islas no estaba ausente el terror de la represión, encontré un hogar: estarme quieta en contacto con la naturaleza fue reparador, fue como volver al campo, volver simbólicamente a la infancia. Siento que mi vida ha sido un constante irse y retornar, nunca al mismo lugar, pero siempre en un intento de volver a entramar pasado y presente.

¿Quiénes te formaron en la poesía?
—Cuando era joven, los talleres literarios no eran frecuentes, se estudiaba de manera informal. En este contexto tuve algunos maestros; el poeta Aldo Oliva, por ejemplo, fue muy importante para mí; más tarde, Alejandra Pizarnik y Miguel Angel Bustos. En un momento posterior fue significativa la influencia de Barbara Deming, una feminista y luchadora social norteamericana, cuyos ensayos me resultaron iluminadores; de igual modo lo fueron Ursula Le Guin y Griselda Gambaro.

¿Tenés noción de que sos hoy una de las grandes formadoras de poetas de este país?
—No. Lo que tengo es conciencia de que gente más joven de edad o más joven en la escritura ha establecido en muchas circunstancias un diálogo conmigo, que ha progresado hacia un diálogo de pares. Si hay un momento transferencial en el que yo ocupe un lugar de maestra, esto paulatinamente se transforma en una relación entre autores que crecemos juntos.

Es famosa tu amistad con la muy admirada Ursula K. Le Guin. ¿Cómo se conocieron?

—De uno de mis viajes a Estados Unidos me traje un pequeño libro con sus poemas publicado por Capra Press, una editorial independiente de California. Fue lo primero que leí de Ursula. Al poco tiempo descubrí, en las librerías de Buenos Aires, sus ficciones publicadas por la editorial Minotauro. Fue entonces que compré El nombre del mundo es bosque, y en cuanto leí la novela, morí por ella. Me atrapó su prosa, los mundos que construye y la dimensión ética de los personajes que viven en ellos; otros mundos que, como diría Eluard, siempre están en éste. A partir de allí seguí leyendo todos los libros de Ursula que pude conseguir. Lo que me pasó como lectora fue devastadoramente hermoso. El nombre del mundo es bosque, una metáfora de la guerra de Vietnam, transcurría en una selva que por momentos se parecía al monte del Delta del Paraná, donde yo vivía. Estaba tan conmovida por la lectura que durante la primavera en la isla, cuando a los plátanos se les caen unos capullitos dorados, junté un puñado, los puse en una cajita, escribí dos frases y lo mandé a Capra Press —en cuya mediación yo confiaba por tratarse de una pequeña editorial de poesía—, con la esperanza de que se la reenviaran a Ursula. Así lo hicieron y a los quince días tuve una respuesta de ella, que me mandaba unas hierbas aromáticas del desierto de Oregon y unas palabritas. A partir de ahí iniciamos una correspondencia constante y apasionada que se ha sostenido por mucho tiempo. Más tarde nos tradujimos mutuamente y, poco después, nos encontramos en Estados Unidos. Siempre sigo esperando los nuevos libros de Ursula, y el vínculo personal con ella nunca opacó mi pasión por su escritura.

Sos considerada una poeta política, especialmente dentro del feminismo. ¿Cómo llegaste ahí?

A los catorce años llevaba La guerra de guerrillas del Che debajo del brazo. Luego, en la universidad formé parte del Malena, el Movimiento de Liberación Nacional, y más tarde me acerqué al trotskismo. Por otro lado, en aquella primera estadía neoyorquina me topé con las feministas norteamericanas de la década del ’70, que venían de las luchas por los derechos civiles de las minorías y también se habían levantado contra la guerra de Vietnam. En este contexto, las feministas y las feministas lesbianas produjeron un gran impacto en mi vida. Recuerdo la primera vez que vi a un grupo de mujeres preciosas que repartían folletos en una placita de Manhattan y llevaban en sus boinas botones que decían Lesbian Ignite. Por entonces trabajaba en una fábrica metalúrgica del sur del Bronx, y me enseñaba inglés a mí misma leyendo a las poetas norteamericanas contemporáneas, al mismo tiempo que intentaba descifrar una columna del periódico Village Voice, escrita por Gilles Johnston, que se llamaba “Lesbian Nation”. Aunque todos estos orígenes son importantes para mí y han construido mucho de lo que soy, el más fuerte de todos ellos es mi propio origen de clase, el motor creador de esta identificación y también la furia del resentimiento siempre reaparecen.

¿Y el feminismo hoy en tu vida?
—Algunas pensábamos que la única forma era cambiar por completo la sociedad; otras, que se debía mejorar el mundo en el que vivís mientras luchás por uno diferente, y ambas posturas me parecen legítimas. Exigir el derecho al aborto, por ejemplo, o el derecho a establecer relaciones afectivas con quien te dé la gana, sin que tu pareja quede privada de cosas tales como las coberturas sindicales de salud, o el derecho de herencia, entre muchas otras que todos conocemos. Pero, aun obteniendo estos derechos dentro de una sociedad clasista, no se podrá salir de la trampa de que la bonanza de una minoría se asiente en la opresión y la desgracia de una mayoría económicamente desposeída.

¿Notás algún avance en el reconocimiento de las relaciones entre mujeres?

Cuando terminé el primario, mi mamá me preguntó qué quería hacer y yo le dije: “Quiero ser actriz y escritora”. Mi mamá respondió: “Eso no es para nosotros, hija —para nuestra clase social quería decir—. Pero le voy a preguntar a la maestra”. Así logré llegar a la escuela secundaria —estatal y gratuita, un derecho conseguido— y convertirme en escritora. Pero no sé qué hubiera pasado si le hubiese dicho a mi mamá: “Quiero ser lesbiana”. Aunque quede mucho por conseguir, esas luchas específicas de las que hablamos antes han achicado la pesadilla, habilitando nuevas formas de derecho a las subjetividades heridas.

¿Por qué suponés que el lesbianismo es más visible en la poesía argentina?—Creo que hay en general una mayor visibilidad de las lesbianas, por supuesto no sólo entre las poetas. Y no dudo que esto es posible por esas mismas luchas que venimos mencionando. Ya no es tan terrible que una chica se enamore de otra chica, al menos en ciertos espacios urbanos y ciertas clases sociales. Pero el haber experimentado la prohibición, de la que hoy muchas mujeres están en tránsito de liberarse por el proceso de politización que permite desarticularla, puede haber facilitado —aunque esto suene también un poco reduccionista— cierta fuerza creadora que ahora es vista en diferentes ámbitos sociales y no sólo en el de la poesía.

¿Coincidís con el término “literatura de género”, donde se engloba la producción de poetas lesbianas, entre otras?—No. ¿Habría acaso una categoría de autores llamados “heterosexuales clásicos” que producirían literatura, y todos los demás, literatura de género? Grandes poetas que se enuncian públicamente como lesbianas o en cuya poesía, entre otros muchos asuntos, incluyen también el enunciado de su deseo hacia otra mujer, son encerradas en una categoría demasiado estrecha. Muchas salimos en su momento a la pesca de la diferencia y quizás alguna observación escrita al respecto tenga su valor, pero construir cajitas y etiquetas le abre la puerta al peligro de los esencialismos a los que se intenta desarmar. Toda hermenéutica que se proponga reducir el sentido de una obra a ciertos elementos de la biografía del autor es siempre peligrosa.

¿Cómo te llevás con el mote de poeta lesbiana?
—No sabía que tenía ese mote. Me llevo mal como con cualquier otro rótulo, es una encerrona, pareciera que todo lo que se produce quedara confinado dentro de esa cuadrícula, y lo cierto es que en la poesía somos convocadas a tratar muchos otros asuntos también propios de la condición humana. Pero me llevaría mal también con otros motes: si dijeran Bellessi, “la poeta campesina”, igual me parecería reductor.