lunes, 30 de julio de 2007

dos fragmentos de safo por leonor silvestri


Fragmento 2

Inmortal Afrodita del trono multicolor, hija de Zeus, que trenzás engaños, te imploro, no sometas mi corazón a tormentos y a angustias, señora. Sino vení aquí, si una vez en otro tiempo percibiendo mi voz a la distancia me oías, y abandonando la morada de tu padre, viniste resplandeciente tras uncir el carro llevado hacia la negra tierra por hermosos y ágiles gorriones que arremolinaban sus tupidas alas, desde el cielo y a través del éter e inmediatamente llegaron, bienaventurada. Con una sonrisa en tu rostro inmortal, preguntaste
“¿Por qué nuevamente estás sufriendo? ¿Por qué otra vez me estás llamando? ¿Qué deseás más que cualquier otra cosa, loco corazón? ¿A quién debo persuadir y conducir hacia tu amor? ¿Quién te daña, Safo? Si hoy escapa, pronto perseguirá ella, si no acepta regalos, en cambio los dará, si no ama, ya pronto habrá de amar aun contra su voluntad”.
También ahora vení a mí, liberáme de penas y desvelos. Cuantas cosas mi corazón quiere, realizarlas, vos misma combatí junto a mí.

Fragmento 31

Me parece aquel varón igual a los dioses, el que sentado enfrente y cerca de vos te escucha hablar dulcemente y reír con placer. Eso verdaderamente hizo aletear el corazón dentro mi pecho, pues tan pronto como hacia vos miro un poco no me es posible emitir sonido alguno. Mi lengua estalla, un sutil fuego galopa por debajo de mi piel, los ojos no ven nada, los oídos me zumban, y un sudor frío me recorre, el temblor me captura entera, verdaderamente estoy más verde que la hierba, parece que por poco apenas me muero…

traducciones de catulo por leonor silvestri



Poema 8
Triste, Catulo dejá de decir estupideces, y lo que ves que se perdió, dalo por perdido. En otro tiempo, soles radiantes brillaban para vos, cuando a menudo ibas adonde una muchacha te llevaba, amada por mí como ninguna otra va a ser amada. Entonces aquellos muchos goces ocurrían, los que vos querías y la muchacha no negaba. Verdaderamente, soles radiantes brillaban para vos.
Ahora ella no quiere; vos tampoco, desenfrenado, quieras, ni sigas a la que huye, ni vivas triste sino con ánimo perseverante soportá, resistí.
Adiós, muchacha, Catulo soporta, ni te va a requerir ni a rogar contra tus deseos. En cambio vos vas a sufrir cuando nada se te ruegue. ¡Ay de vos, maldita! ¿Qué vida te espera? ¿Quién te va a ir a visitar ahora? ¿A quién le vas a parecer hermosa? ¿A quién vas a amar ahora? ¿De quién se va a decir que sos? ¿A quién vas a besar? ¿De quién vas a morder los labios?
En cambio, vos Catulo, firme, resistí.[1]






Poema 76
Si algún placer tiene el varón que recuerda los favores pasados, cuando medita qué es la honestidad, aquél que ni violó la sagrada confianza ni ningún pacto, ni hizo mal uso del poder de los dioses para engañar a los hombres, entonces muchas felicidades te aguardan a vos, Catulo, preparadas durante una larga vida, por causa de este ingrato amor. Pues cualquier cosa que los hombres puedan decir o hacer en bien de alguien, esto lo hiciste y lo dijiste, todo lo cual pereció al ser confiado a una mente ingrata.
¿Por qué te torturás tanto por este asunto? ¿Por qué no endurecés tu espíritu y te retirás de ahí, y dejás de estar triste ya que los dioses se oponen a que lo estés? Es difícil hacer a un lado súbitamente un largo amor. Es difícil pero hacélo, sea como fuere. Esta es la única salvación, esto es lo que debés dominar completamente. Hacélo, puedas o no puedas.
Dioses, si es propio de ustedes compadecerse o si alguna vez proporcionaron a alguien una última ayuda en el momento mismo de la muerte, préstenme atención, triste de mí, y si viví con pureza, arranquen esta peste y este mal de mí, que deslizándose subrepticiamente como una parálisis en lo hondo de mis miembros arrancó la felicidad de mi pecho entero. No pretendo ya que me retribuya lo que siento por ella, ni que quiera ser honesta, puesto que no es posible. Deseo curarme yo y hacer a un lado esta funesta enfermedad. ¡Dioses!, concédanmelo a mí por mi devoción hacia ustedes.[2]

Poema 109[3]:
Me prometés, vida mía, que este amor nuestro del uno al otro será para siempre feliz. Dioses venerables, hagan que ella pueda prometer de verdad, y que hable sinceramente y de corazón, para que sea posible por el resto de la vida continuar eternamente este pacto de sagrada amistad.

Poema 72[4]:
En otro momento decías, Lesbia, que sólo admitías a Catulo y que ni a Júpiter querrías tener en vez de a mí. Entonces me enamoré de vos no como el vulgo, de su amante; sino como un padre ama a sus hijos y a su linaje. Ahora yo admito quién sos. Por eso, aunque ardo vivamente, me sos mucho más vil y traidora. Me preguntás cómo es posible. Porque una injusticia tal obliga a desear más pero a apreciar menos.

Poema 85[5]:

Te odio pero te deseo, quizás quieras saber por qué, no lo sé pero es así y me desgarro.

Poema 75 [6]:
Por tu culpa, Lesbia, mi espíritu fue arrojado hasta aquí, y de tal forma se extravió a si mismo debido a su fidelidad que ya no es capaz de apreciarte aunque te vuelvas la mejor, ni es capaz de dejar de desearte aunque hagas de todo.


Poema 70[7]:
Mi mujer dice que con nadie quiere casarse excepto conmigo; ni siquiera si Júpiter en persona se lo pidiera. Eso es lo que ella dice, pero lo que una mujer le dice a su amante lleno de deseo hay que escribirlo en el viento y el agua que corre.

Poema 58[8]:
Celio, nuestra Lesbia, Lesbia aquella, aquella Lesbia, la única que Catulo amó más que a sí mismo y a todos los suyos; ahora por las esquinas y los callejones se la chupa a los descendientes del magnánimo Remo.

Poema 16
Yo me los voy a culear y voy a hacer que me la chupen, a vos, Aurelio, culo roto y a vos, Furio, que sos una loca bailarina. Ustedes, que de mis versitos, porque son un poquito delicados, opinaron que yo soy un desvergonzado. Pues, el poeta en persona debe ser respetuoso y recatado, pero no hace falta que lo sean sus versitos que finalmente tienen sal y pimienta si son un poquito delicados y desvergonzados, y sí también pueden provocar aquello que excita, no digo a los jóvenes, sino a esos peludos que no se les para la pija. ¿Ustedes, porque leyeron mis “muchos miles de besos” me creen menos macho? Yo me los voy a culear y voy a hacer que me la chupen[9].


Poema 5:
Vivamos, Lesbia mía, y amemos; que los habladurías de los muy severos viejos todos juntos no valgan ni un centavo para nosotros. Los soles pueden morir y renacer, una vez que muera una breve luz, una única noche eterna nos queda dormir. Dáme mil besos, luego cien, luego otros mil, por segunda vez cien, después hasta otros mil, luego cien...finalmente, cuando sumemos muchos miles, los confundiremos para no entender, ni para que ningún desgraciado pueda envidiarnos cuando sepa que son tantos besos.[10]

Poema 51[11]:
Aquél me parece ser un dios, aquél, si no es una impiedad, me parece superar a lo dioses, el que, sentado frente a vos, constantemente te observa y escucha tu dulce reír. Miserable, esto desgarra todos mis sentidos, pues tan pronto como te veo, Lesbia, nada resta de mí….La lengua se entorpece, una tenue llama fluye por debajo de los miembros, los oídos tintinean con su propio sonido, las lámparas gemelas de mi rostro se cubren con noche.
El ocio, Catulo, te molesta, con el ocio te regocijás y te alegráas demasiado: El ocio, otrora, perdió a reyes y prósperas ciudades.


[1] Miser Catulle, desinas ineptire,/et quod uides perisse perditum ducas./fulsere quondam candidi tibi soles,/cum uentitabas quo puella ducebat/amata nobis quantum amabitur nulla./ibi illa multa cum iocosa fiebant,/quae tu uolebas nec puella nolebat,/fulsere uere candidi tibi soles./nunc iam illa non uult: tu quoque impotens noli,/nec quae fugit sectare, nec miser uiue,/sed obstinata mente perfer, obdura./uale puella, iam Catullus obdurat,/nec te requiret nec rogabit inuitam./at tu dolebis, cum rogaberis nulla./scelesta, uae te, quae tibi manet uita?/quis nunc te adibit? cui uideberis bella?/quem nunc amabis? cuius esse diceris?/quem basiabis? cui labella mordebis?/at tu, Catulle, destinatus obdura.

[2] Siqua recordanti benefacta priora uoluptas/est homini, cum se cogitat esse pium,/nec sanctam uiolasse fidem, nec foedere nullo/diuum ad fallendos numine abusum homines,/multa parata manent in longa aetate, Catulle,/ex hoc ingrato gaudia amore tibi./nam quaecumque homines bene cuiquam aut dicere possunt/aut facere, haec a te dictaque factaque sunt./omnia quae ingratae perierunt credita menti./quare iam te cur amplius excrucies?/quin tu animo offirmas atque istinc teque reducis,/et dis inuitis desinis esse miser?/difficile est longum subito deponere amorem,/difficile est, uerum hoc qua lubet efficias:/una salus haec est. hoc est tibi peruincendum,/hoc facias, siue id non pote siue pote./o di, si uestrum est misereri, aut si quibus umquam/extremam iam ipsa in morte tulistis opem,/me miserum aspicite et, si uitam puriter egi,/eripite hanc pestem perniciemque mihi,/quae mihi subrepens imos ut torpor in artus/expulit ex omni pectore laetitias./non iam illud quaero, contra me ut diligat illa,/aut, quod non potis est, esse pudica uelit:/ipse ualere opto et taetrum hunc deponere morbum./o di, reddite mi hoc pro pietate mea.
[3] Iucundum mea uita mihi proponis amorem /hunc nostrum inter nos perpetuumque fore. /di magni. facite ut uere promittere possit. /atque id sincere dicat et ex animo. /ut liceat nobis tota perducere uita /aeternnum hoc sanctae foedus amicitiae.
[4] dicebas quondam solum te nosse Catullum /Lesbia. nec prae me uelle tenere Iouem. /dilexi tum te. non tantum ut uulgus amicam. /sed pater ut natos diligit et generos. /nunc te cognoui. quare etsi impensius uror. /multo mi tamen es uilior et leuior. /qui potis est inquis. quod amentem iniuria talis /cogit amare magis sed bene uelle minus.
[5] Odi et amo. Quare id facias, fortasse requiris/necio sed fieri et excrucior.
[6] huc est mens deducta tua mea Lesbia culpa./atque ita se officio perdidit ipsa suo. /ut iam nec bene uelle queat tibi si optima fias. /nec desistere amare omnia si facias.
[7] nulli se dicit mulier mea nubere malle /quam mihi. non si se Iuppiter ipse petat. /dicit. sed mulier cupido quod dicit amanti /in uento et rapida scribere oportet aqua.

[8] Caeli, Lesbia nostra, Lesbia illa/illa Lesbia, quam Catullus unam/ plus quam se atque suos amavuit omnes/ nun in quadriuiis et angioportis/glubit magnanimi Remi nepotes.
[9] Pedicabo ego vos et irrumabo,/ Aureli pathice et cinaede Furi, / qui me ex versiculis meis putastis, / quod sunt molliculi, parum pudicum. / nam castum esse decet pium poetam/ ipsum, versiculos nihil necessest; / qui tum denique habent salem ac leporem, /si sunt molliculi ac parum pudici / et quod pruriat incitare possunt, / non dico pueris, sed his pilosis,/qui duros nequeunt movere lumbos. /vos, quod milia multa basiorum /legistis, male me marem putatis? /pedicabo ego vos et irrumabo.

[10] Vivamus, mea Lesbia, atque amemus, /habladuríasque senum severiorum /omnes unius aestimemus assis. /soles occidere et redire possunt: /nobis, cum semel occidit brevis lux, /nox est perpetua una dormienda. /da mi basia mille, deinde centum, / dein mille altera, dein secunda centum, /deinde usque altera mille, deinde centum. /dein, cum milia multa fecerimus, /conturbabimus illa, ne sciamus, /aut nequis malus invidere possit, /cum tantum sciat esse basiorum.
[11] Ille mi par esse deo videtur, /ille, si fas est, superare divos, /qui sedens adversus identidem te / spectat et audit //dulce ridentem, misero quod omnes /eripit sensus mihi: nam simul te, /Lesbia, aspexi, nihil est super mi // /lingua sed torpet, tenuis sub artus /flamma demanat, sonitu suopte /tintinant aures geminae, teguntur / lumina nocte. //otium, Catulle, tibi molestum est: /otio exsultas nimiumque gestis: / otium et reges prius et beatas / perdidit urbes.

lunes, 9 de julio de 2007

¿ACASO TENEMOS QUE ESTAR DESNUDAS PARA INGRESAR AL MUSEO METROPOLITANO?


El grupo de activistas Guerrilla Girls promovió, hace unos años, una famosa campaña: “¿Acaso tenemos que estar desnudas para ingresar al Museo Metropolitano? 5% de artistas mujeres, 85% de desnudos femeninos en los museos de arte moderno” La cifra hace alusión al lugar recurrente de la mujer como productora de arte donde comúnmente se afirma que hay pocas, o peor, se supone que no son tan relevantes. ¿Pero se puede acaso continuar abstrayendo su producción de la historia del arte y la literatura
Tradicionalmente, occidente organiza su relato a partir de “grandes? momentos”, transitados casi exclusivamente por algunas “celebridades”. En esa historia, el papel de la mujer es la de ser musa, “objeto” de la mirada. Los valores imperantes de nuestra sociedad, centrada en cierta clase de varón, reproduce, en el estudio institucional, la invisibilización de la producción de mujer. En el ensayo 3 Guineas, Virginia Wolf sostuvo que una sociedad gobernada por varones tiende a confiar en las lecturas de varones. Sin embargo, el “cupo femenino” en ciertos espacios de poder, donde la situación de la mujer se ha modificado gracias a la fuerza indiscutible de sus intelectuales, no garantiza, ipso facto, la promoción de su producción artística, porque incluso las víctimas de la violencia simbólica pueden ser su vehículo. Por ejemplo, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires publica, en el 2007, dos antologías de narrativa argentina, de distribución gratuita como parte de su programa Opción Libros, bajo la coordinación y compilación de la Lic. Cedro, la subsecretaría, Stella Maris Puente, más otras dos mujeres en el equipo general. En los dos tomos publicados hasta hoy, se encuentran 3 narradoras sobre un total de 22 autores. Asimismo, aunque las generalizaciones son antipáticas para quienes hacen otros esfuerzos, los programas recientes de las literaturas de la carrera de Letras sólo introducen cerca de un 15% de textos de ficción de mujeres, o cuando lo hacen, es a través de un programa de género. Nora Domínguez, vice-presidenta del Instituto Interdisciplinario de Género de la UBA, agrega que “las mujeres escritoras llegan tarde a los programas porque hay algún tren que no para donde ellas residen. No podría afirmarse que sufren un borramiento absoluto pero la lista que conforman es reducida”. La máxima eminencia actual en literatura argentina, Beatriz Sarlo, publicar recientemente un libro de ensayos,-edición al cuidado Sylvia Saítta, catedrática de la UBA-, con sólo tres trabajos sobre autoras sobre un total de 483 páginas: dos de las tres beneficiadas, Victoria Ocampo y Juana Bignozzi, al estilo de lo que ocurre con Frida Kalho, son principalmente consideradas a través de sus excepcionales vidas y el tendido de “redes amicales” masculinas, o de los aspectos más seductores de los desvíos de su clase. Stricto sensu, Ocampo, una de las figuras más relevantes del campo intelectual argentino del s. XX, no fue, como sí su hermana, una escritora de ficción. Mejor suerte corren las mujeres en el tomo a cargo de Saítta de Historia Crítica de la Literatura Argentina, dirigido por Jitrik, donde abundan, para cada volumen, prestigiosas investigadoras. Pero, el eje central de la literatura de mujer es allí, en general, los límites de la ficción y la (auto)biografía. Domínguez advierte que los textos de mujeres “pocas veces pueden librarse de ser leídos sobre el telón de fondo del imaginario voraz de la “literatura femenina”. Por eso, no importa solo qué, cuánto, cómo, dónde se produzca y quién lo encare sino cómo se lea”. La manera cómo leemos, que mayormente se desprende de lecturas previas padecidas durante las socializaciones, determina qué leemos y qué hacemos circular. Por ende, un canon centrado en la masculinidad, prestigia y legitima, a través de sus estrategias de interpretación, independientemente de la expresión de género de sus agentes, materiales con esas características o perpetra cierto tipo de textos, donde especialmente las narrativas son privilegiadas.
Aunque, de acuerdo con la Cámara Argentina del libro, sólo un 20% de mujeres han publicado libros en los últimos 10 años, siguiendo a Bourdieu, podemos sostener que los análisis estadísticos niegan la posibilidad de estudiar escritores y/o géneros no hegemónicos, y prohíben el acceso al éxito en el campo intelectual. Consultada sobre este tema, Susana Cella, catedrática e investigadora de la UBA considera que la institución clasifica y relega a autoras “porque no tienen el mismo aparato de propaganda y circulación que los varones. El canon se convierte en una estrategia mercantil del circuito editorial que responde a la lógica del mercado y a maniobras de dominación.” Domínguez afirma que “desde hace unos años, algunas académicas se han ocupado de que más nombres de mujeres se hagan presentes, no con el objetivo de completar una lista que siempre será parcial, sino para que se conozcan escrituras que tienen un compromiso provocador con la literatura y porque tenerlas en cuenta estimula el deseo y la curiosidad de hallar otras singularidades en un espacio múltiple.”
Por otra parte, Diana Wechsler, catedrática de la UBA y presidenta del Centro Argentino de Investigadores del Arte, sostiene que ciertas hipótesis hacen “surgir naturalmente la presencia de la mujer. Por ejemplo, en los años 30-40, su presencia en el arte de Occidente es enorme en relación al realismo/surrealismo en el juego de arte y política: María Izquierdo, Raquel Forner, Gertrud Stern, Eleonora Carrington, Anne-Marie Henrie, o, incluso, Nora Borges. El movimiento moderno tiene una dinámica que el relato oficial está ocluyendo: no ponerlas es elegir descartarlas.” Mara Sánchez, de la cátedra de Sociología y Antropología del Arte de la UBA y Prof. de Bellas Artes afirma que “La idea de cupo habla de la existencia, aún hoy, de los silencios de la mujer en la historia. Si los silencios no existieran, la demanda de un porcentaje de mujeres en la esfera pública no existiría”. Más aun, Sánchez advierte acerca de la producción colectiva, por ejemplo en los talleres de Tintoreto o Caravaggio, como así también en ciertas disciplinas, todavía consideradas “menores”, como el grabado o el telar, donde sí hay mujeres, cuya presencia la hegemonía de una historia del arte nominal invisibiliza.
Siguiendo a Francine Maciello, la promoción sistemática de la producción simbólica de la mujer advierte acerca del status del arte y la literatura en la apertura de caminos que conduzcan a acciones sociales alternativas: precisamente su capacidad subversiva y de transformación de las estructuras culturales. Negarle este rol, quizás sea negarle uno de sus valores inmanentes como aparatos de cambio, donde visibilizar las expresiones artísticas e intelectuales de las mujeres de todas las épocas, desde Corina, la ignorada competidora de Píndaro, o Aspasia en la Grecia antigua, hasta nuestros contemporáneas, tenga la fuerza para arrastrar tras de si a toda una ola de diversidades de género y de pensamiento que en la actualidad no tienen lugar en el discurso hegemónico, no desde un deber ser políticamente correcto, sino desde lo más desafiante y subalterno. Más aun, recordar y dar voz a nuestras predecesoras cuya experiencia artística ha sido olvidada o desaparecida no es una cuestión menor, especialmente en un país con miles de voces ausentes, desde pueblos originarios hasta generaciones enteras de luchadores y luchadoras. Resta analizar hasta que punto la producción de mujer todavía necesita organizarse en formaciones, en términos de Williams, para promoverse en una sociedad organizada en torno al varón, bajo cuya lógica se administran los bienes simbólicos y materiales de todo el resto.


Leonor Silvestri




Barnstone, Aliki & Willis. A Book of Women Poets from Antiquity to Now. Schocken. New York. 1980.
Bourdieu, Pierre. La dominación masculina. Anagrama. Barcelona. 1999.
D’Atri, Andrea. Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo. Las armas de la crítica. Buenos Aires. 2004.
Domínguez Nora y Puilla Carmen. Fábulas del género. Beatriz Viterbo. Rosario. 1998
Fe, Marina, coordinadora. Otramente: lectura y escritura feminista. Fondo de Cultura Económica. México. 1999
Lerner, Gerda: La creación del patriarcado. Editorial Crítica. Barcelona: 1986.
Molina Petit, Cristina. Dialéctica feminista de la Ilustración. Anthropos. Barcelona. 1994.




martes, 26 de junio de 2007

Taller de Erotismo Latino GRATIS en la casa de la poesia



Taller:
Pasión y Erotismo en la Poesía de la Antigüedad en la Casa de la Poesia de Buenos Aires

Comienza el 25 de Julio (8 clases)
Todos los jueves desde las 19 hs
Gratis!

Propuesta

La Literatura Antigua de Occidente ocupa, en los estudios sobre poesía actual, un lugar de marginalidad, dado un prejuicio, extensamente difundido, de que se trata de una poesía inaccesible cuyos temas no tienen relación con nuestros tiempos.

Este taller tiene como propósito erosionar ese prejuicio, fundado en la ignorancia, o en una política cultural que mantiene estas literaturas en un espacio de casta de elegidos ligados a las ideologías más retrogradas, en nuestro país.

Poder, al fin, aportar algo que ayude a desmitificar el lugar de la literatura de la antigüedad a través del trabajo sobre algunos de los temas más importantes para la antigüedad clásica y la poesía posterior, con lecturas de autores grecolatinos canónicos, y no tanto, que estimulen el deseo de seguir estudiándolos y haciéndolos propios.


Condiciones de participación


El curso está pensado para toda aquella persona que quiera hacer una iniciación crítica y sesuda sobre la poesía de la antigüedad, teniendo como presupuesto que para poder mejorar la propia escritura incluso poética es menester tener un conocimiento de los clásicos de la antigüedad grecolatina.

No es necesario tener ningún conocimiento previo, pero es condición poder asistir al curso completo dado que los temas están concatenados.

Para participar es necesario enviar por un texto de por lo menos 5 líneas expresando por qué se desea participar en el taller.

El curso es GRATUITO y forma parte de una iniciativa de La Casa de la Poesía de Buenos Aires Evaristo Carriego de acercar otros conocimientos poéticos que usualmente no circulan en estos espacios.


Programa

Clase 1 y 2: Los géneros literarios de la antigüedad

Diferentes tipos de poesía: poesía lírica, épica, bucólica, simposíaca, invectiva, “de ocasión”, elegía.
The final countdown: la contienda lírica vs. épica.
Introducción a los autores a trabajar y sus períodos históricos y las condiciones de producción.


Clase 3 y 4: Manifestaciones físicas del amor como pathología


¿Qué es el “Amor” para los poetas de la antigüedad?
La poesía escrita con el cuerpo. Materialidad del poema: poeta, poesía, etimologías.
El poema como remedio o como veneno.

Clase 5 y 6: Sexo, Mentiras y Poesía

Sexualidad y poesía en Roma.
¿Homosexualidad?¿Literatura de género? Verdades y mentiras del tema de moda


Clase 7 y 8: De poesía a poeta: Sulpicia, una única mujer escribe en Roma

¿Cómo llega Sulpicia hasta nosotros? Condición de la mujer poeta en la antigüedad: las precursoras: Nossis, Corina, Safo, etc.
Inversión del sexismo en la voz poética de la mujer.


Bonus Track: Traducciones, versiones, covers e influencias

Presencia de la poesía antigua en los poetas modernos y contemporáneos argentinos y extranjeros
Criterios desde la antigüedad sobre la traducción, el plagio y los límites en el mundo pre-burgués.

miércoles, 20 de junio de 2007

"ME DESPOJAN DE MI MUERTE" - Algunas reflexiones en torno al morir en la actualidad


Algunos especialistas de la salud que trabajan con enfermedades que pueden o conducen a la muerte sostienen un presupuesto fuerte, a saber: que no se puede vivir para la muerte. Este presupuesto lleva a pensar que hay que vivir cada día, hasta el último, sosteniendo que se puede vencer a la muerte o ignorándola porque la muerte no sería, según este enfoque, constitutiva de la vida.
Es un hecho evidente, que no todo tiempo pasado fue mejor y muchas de las costumbres que han cambiado son cambios “para mejor”. Sin embargo, con relación al morir, intentaremos demostrar, a partir de los ejemplos literarios de la antigüedad grecolatina que los rituales básicos que estaban a su alrededor eran necesarios para morir bien. El contrapunto entre el ayer y el hoy será el desposeimiento de la soberanía sobre la propia muerte en las sociedades modernas, para poder reflexionar sobre la ausencia de los ritos y de los mitos de la muerte. Proponemos la creación de nuevos rituales a partir de la resemantización de los ejemplos de la antigüedad clásica afirmando el carácter benéfico de las costumbres ancestrales que protegían al hombre golpeado por la muerte de un ser querido.
En las familias de intelectuales de clase media de Buenos Aires, como la mía, los hijos no saben como fue la muerte de los parientes que los antecedieron. Hasta ya bien grandes nadie habla al respecto, y el momento de la muerte nunca es contado. Se considera la ceremonia de la muerte como un potencial momento traumático para los niños, los cuales no asisten a los funerales de sus abuelos, ni a los entierros, ni a los velorios. La muerte deviene una instancia ajena a la vida como si nada tuviera que ver con ella. La muerte es una triste sorpresa.
En la antigüedad, la muerte era vista como una gran ceremonia, casi pública, presidida por el propio muerto que siempre sabía que iba a morir porque había sido prevenido por los indicios. Esa previsión le permitía poner sus asuntos en orden, redactar sus últimas voluntades y distribuir sus bienes, despedirse, hablar y vivir la experiencia única del morir rodeado de otros seres humanos. La familia y los amigos se reunían a su alrededor para decirle “Adiós”. Al muerto, al que está muriendo se lo honraba; se moría en la propia cama de la la propia casa, siguiendo un ritual compartido por los vivos, que tenían ante su vista el increíble espectáculo de la muerte: epifanía y comunión con lo inexplicable entre seres humanos. Claro que morir, al igual que vivir, nunca fue fácil ni indoloro pero era familiar. La muerte era conocida. En varios capítulos del Satiricón de Petronio, Trimalción, en su famoso banquete, habla y reflexiona sobre la muerte. En el capítulo 34 se hace traer un esqueleto que exhibe a los comensales, costumbre que según Heródoto fue traída desde Egipto por los griegos, y que servía para recordarles a los invitados que la vida era breve. Tales esqueletos eran reproducciones a escala, como en este caso, o estaban representados en vasos o paredes. Más aun, en el capítulo 71 de su cena, Trimalción finge en voz alta su muerte y su testamento ante el llanto desconsolado de sus amigos que lo siguen en su dramatización. A pesar de la cómica parodia de la cena de Trimalción, la muerte tenía un carácter solemne y aquél que iba a morir quería participar en ese momento, puesto que puesto que morir significaba un momento excepcional . Aunque la vida ya no le pertenezca, la muerte es propiedad de quien muere. En cambio, para nosotros la muerte ha sido evacuada de la vida cotidiana, junto con la prohibición al duelo y el derecho a llorar en público a los muertos. La tendencia actual indica que en pos de no “deprimir” al que se va a morir con la noticia de su muerte, (y advierto que aquí no estoy usando ningún tecnicismo de la psicología), el moribundo ignora que se muere. Ya no sabe que va a morir. En ese momento se lo pone bajo la tutela de los vivos y la vida se detiene cuando nadie está mirando, nadie está atento, ni siquiera el moribundo.
Para los vivos las cosas también han cambiado. El duelo no tiene el espacio y la dimensión que solía tener, es una virtud el poder controlarse al máximo. Ya no hay juegos funerarios que duren días enteros -pensemos que la Ilíada termina con los preparativos de los juegos funerarios para Héctor, a quien su mujer ya viene llorando desde el Canto VI y sus padres desde antes de la pelea con Aquiles, porque la muerte es algo familiar en su sentido anfibológico. Este es el segundo gran cambio acaecido con respecto a los rituales de la muerte que tiene que ver con el sentimiento de vergüenza por el dolor que produce la muerte. La muerte ocupa en el discurso y en su manifestación el lugar del sexo, se habla de ella con eufemismos o como si no existiera, no se la pronuncia en público como tampoco se trata de morir en público. Sólo se llora en privado, como quien se desviste o descansa, a escondidas y a solas como un análogo de la masturbación. La muerte, que solía ser la compañera de la vida, desapareció del lenguaje, y su nombre está interdicto. La nueva costumbre exige que uno muera en la ignorancia de su muerte. La discreción, tanto de los que se están muriendo como de los que quedan vivos, aparece como la forma de conducta equivalente a la dignidad. La familia ya no quiere tolerar el impacto que produce que un ser querido muera teniendo la muerte total presencia e importancia- quizás la familia ya no pueda hacerlo, como antes, debido a los cambios sociales que se le han impuesto. Entre todos hemos creado a nuestro propio monstruo . En efecto, es importante que la muerte sea tal que pueda ser aceptada o tolerada por los sobrevivientes. Pero en esa creación de un “estilo de muerte aceptable” -sobre todo para los muertos que no deben hacer grandes performances de dramatismo en lo que debería ser el gran rol estelar, el protagónico de la escena-, aparece el movimiento dialéctico que destruye también a los que quedan con vida que deben continuar con su vida sin pausa, el trabajo y el ocio, re-integrarse a su cotidianidad sin detenerse, sin afectar la marcha industrial.
La muerte, su idea y su concepto, fue reemplazado por la enfermedad. Y entre todas las enfermedades quizás son el cáncer y el Sida las que se acercan hoy a la muerte en su nueva forma, como enfermedad. Querer morir es visto como la culpa de renunciar a la lucha por la vida como bien supremo e inapelable, como pulsión que no necesita demostración para comprobar su existencia y su principio regulador de nuestros cuerpos. El “duelo” era la figura del dolor por excelencia, cuya manifestación era necesaria y legítima. Hasta el guerrero más poderoso de Homero, Aquiles, se derrumba de dolor sobre el cuerpo muerto de su amigo Patroclo, y no teme llorarlo delante de toda su tropa.
De la manera de morir entre los guerreros griegos, hay varios puntos interesantes para analizar. Los griegos tenían incorporada la noción de la muerte como constitutiva de la vida desde el momento de su nacimiento. Ellos debían morir realizando o habiendo realizado una hazaña, que no significaba típicamente el triunfo en la batalla contra el enemigo, sino más bien una contienda ejemplar cuyo relato sea digno de ser contado por los sobrevivientes. Morir combatiendo es el rito inciático que le confiere al varón guerrero virtudes y valores que lo dotan de belleza eterna. No por nada, esta muerte es la kalós thánatos, la bella muerte, que le confiere la excelencia, la arete, de una vez y para siempre y que en lo sucesivo ya no tendrá que ser demostrada con más acciones gloriosas. A la muerte, como la batalla entre Héctor y Aquiles, se la enfrenta, pero no a la manera moderna, avergonzándose del temor que produce enfrentarse al enemigo, sino por el contrario con miedo. De hecho, Héctor se asusta al verlo a Aquiles con su casco refulgente.
En la Grecia arcaica que concibió los textos épicos, los individuos existen en función del otro, de la mirada de los otros, la fama lo es todo, y la verdadera muerte es el olvido. La existencia no pasa por la vida en sí, sino por el reconocimiento vivo o muerto (en vida o póstumo) de los demás. La existencia última e indefinida pasa por ser el objeto de las palabras de los demás, el tema de un relato que cuente un destino admirado por los vivos. El honor es indisociable de la muerte, pero la muerte no significa la privación de la existencia, sino una transformación en la cual el cadáver es al mismo tiempo, instrumento y objeto. El cadáver ultrajado no tiene derechos ni alabanza, no está ni vivo ni muerto, es un desecho perdido que no puede ser ni celebrado ni olvidado, es el horror de lo indecible simbolizado en el rostro paralizador de la Medusa que nos mira de frente; de allí la importancia de recuperar el cuerpo, de que no desaparezca en el campo de batalla. Sin duda, la muerte es un asunto de los vivos más que nada porque la muerte y su canto están hechos por y para los vivos a quienes se dirige. La kalós thánatos le asegura al varón la memoria social, la eternidad de la gloria. Ahora bien, incluso en la muerte no civilizada, no honrosa, fascinante, imbuida del terror reverencial a las antiguas divinidades inexplicables, el cara a cara con esa muerte coloca al que va a morir en una posición de simetría con el dios que se ubica en el mismo eje. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Entrar a la muerte con los ojos bien abiertos, experiencia fascinante e irrepetible que la industria no debería quitarnos.

Leonor Silvestri
elcirculodemesala@yahoo.com.ar

Bibliografía

Philippe Aries. Morir en Occidente, desde la Edad Media hasta la actualidad. Adriana Hidalgo Ed. Buenos Aires. 1975.
Jean- Pierre Vernant. El individuo, la muerte y el amor en la antigua Grecia. Paidós. Barcelona. 1989.

miércoles, 23 de mayo de 2007

LA MIMESIS DEL AMOR, Catulo, poemas. Una introducción Crítica. Santiago Arcos. 2006



En el siglo VI a.c., la poeta griega originaria de Lesbos, Safo, a quien los poetas helenísticos llamaban la décima Musa, concibe uno de los poemas amorosos fundacionales de la literatura amorosa de todos los tiempos, del cual nos queda un fragmento, el número 31. Fue a partir de este poema que por primera vez se hablaba de los síntomas de la pasión amorosa como enfermedad. Catulo escribe a raíz de éste uno de sus más logrados y famosos poemas, el número 511.
Las lecturas autobiográficas tienden a identificar este poema como el comienzo de su relación con Lesbia y lo trabajan como si fuera una traducción en el sentido más plano del término. Por el contrario, si cambiamos nuestro parecer acerca de lo que significa una traducción y lo concebimos como una trabajo original, podremos afirmar por el contrario que este poema no es el comienzo de ninguna relación, sino otro de los poemas de desencanto y de renuncia al amor. Para ello, trabajaremos con el texto de Safo, no para comprobar aciertos y desaciertos en Catulo, sino para entender cómo el sufrimiento en la poética catuliana está establecido literariamente al colocarse en la corriente de una tradición literaria anterior al origen de la pedagogía del amor. Amar es entonces para Catulo una lectura de los antecedentes literarios, es leer (escribir) el amor.
¿Pero cómo entendemos el proceso llamado “traducción”? Las discusiones acerca de la traducción casi siempre asumen que el significado del original está fijo y es unívoco, que la tarea del traductor es reproducir alguna materia textual con toda exactitud respecto de en su lengua de partida. Los estudiosos tienden a asimilar el modelo de la traducción a lo que Barthes llama la representación analógica, o sea una copia2. En este sentido, la lectura e interpretación del poema 51 se ha dado en términos de cuán fiel es Catulo a la hora de traducir Safo o cuánto se pierde del paso del griego al latín. Por su parte, fueron los estudiosos los que no pudieron evitar “autentificar” la poética amorosa de Catulo 3, mediante el criterio de traducción como “original” aurático, o sea al leer este poema como traducción de una poeta consagrada como Safo que forma parte de los siete poetas líricos más reconocidos de la antigüedad, y elevarlo porque conciben la traducción en los términos de Francine Masiello, es decir como “… un trabajo de traslado de códigos que siempre depende de una fuente primaria de incontestable autoridad”4. Sin embargo, es manifiesto que el concepto de traducción como copia fiel y reproducción posiblemente fuera otro para la época en que escribió Catulo. De hecho, la literatura latina se basa mayormente en el criterio de traducción, en sentido amplio, con una clara intención de perpetuar el pasado a través de la fijación de textos anteriores.
Por el contrario, si proponemos la traducción como un tipo de interpretación y escritura intertextual indefectiblemente ideológica que afirma que el referente de la literatura es la literatura misma, entonces podemos afirmar que todos los textos están incrustados en otros textos y el concepto tradicional de traducción se desdibuja. Lo que queremos demostrar para enriquecer la lectura del poema 51 de Catulo y así todo su trabajo con respecto al Ciclo de Lesbia y a las representaciones literarias de la pasión es que una obra de arte es un objeto fundado en la distancia, la artificialidad, el estilo y no una imitación ni de otro texto ni de la vida fuera de él. Más aun, sostenemos que una nueva interpretación de estos poemas renueva incluso la lectura del fragmento 31. En palabras de Susan Sontag, “la interpretación es casi una traducción”5. Entonces, la traducción se convierte en la reconstrucción del modo en el que un texto de partida es leído y su originalidad radica en la manera particular en la que se disponen esos materiales. Los procesos de comprensión se vuelven modos de traducción y el lector es trasladado (traducido) en traductor, un intérprete entre lenguajes, culturas y convenciones de actuación6.
Si como dijimos antes, los significados son siempre contextuales y situacionales, especialmente en poesía, donde las palabras son el significado mismo: si se las cambia, se cambia el sentido entero. Más aun, el problema de la poesía de Catulo no se manifiesta sólo a nivel de reemplazo de una palabra por otra sino que la distancia cultural y genérica que media entre ambos autores, Safo y Catulo, da otra forma al texto del autor latino, incluyendo una lectura acerca de los efectos nocivos del otium (el ocio) en la vida comunitaria que refleja la tradición de discursos moralizadores romanos de corte helenístico7. De hecho, se ha llegado a suponer que la coda final del poema 51 de Catulo (versos 13-16: El ocio, Catulo, te molesta, con el ocio te regocijas y te alegras demasiado: El ocio, otrora, perdió a reyes y prósperas ciudades.) o bien no pertenecía al poema puesto que no estaba en el fragmento 31 de Safo o bien sí se encontraba en el poema de Safo pero estaba perdido y no había llegado transmitido, restándole a Catulo toda posibilidad de operar sobre el original. En cambio, se puede pensar que el poema está inscripto bajo la mirada del deseo masculino, y que su labor radica en el hecho de transponer aquello que fue dicho y pensado por una mujer a un modo masculino y su problemática a través del tiempo y del espacio - desde Lesbos a Roma y de la lírica oral, propia del contexto arcaico en el que escribió Safo, al texto escrito8.
En primera instancia, los cambios de identidad de un poema a otro vuelven a pasar por la voz9. Por ejemplo, en Safo, el verbo del verso 1 seguido del pronombre de primera persona, phaínetai moi (me parece a mí) focaliza la atención en el Yo poético femenino que percibe más que en el varón que es percibido, marcando su carga emocional. Aquí la mujer es objeto de deseo pero también sujeto deseante y hacedora de textos. Las tres personas gramaticales en los dos primeros versos “moi” (a mí), “kenos” (aquél), “toi” (te) aparecen respetando el orden del circuito de la comunicación: Emisor; o sea el yo poético que enuncia el mensaje, Mensaje; en este caso, el varón de quien se habla; Receptor, la mujer a la cual se le dirige el poema. Desde el principio con la mención de las tres personas gramaticales se hace hincapié en la voz que observa, sugiriendo que el Yo está principalmente comprometido con su propia percepción. La mención del varón ocupa, en la primera estrofa, la posición central, con sílaba tónica acentuada, lo cual en poesía indica la importancia de una palabra, por ejemplo en los versos 1 2 “Me parece aquel varón igual a los dioses, el que sentado enfrente y cerca de vos te escucha”. En cambio en Catulo, los versos 1 y 2 de la primera estrofa están encabezados por Ille (aquel) en primera posición que es enfática en poesía focalizando la atención en el varón más que en el Yo. El verbo videtur (me parece) cierra el mismo verso, mientras su contrapartida en griego“phaínetai”, lo abre. En Safo, el varón pierde definición con el pronombre indefinido “óttis” (el que) tornándose ambiguo su antecedente. En cambio en Catulo la identidad es mantenida por el qui (el que) del v 3 que está en primera posición enfática en reemplazo de Ille de los 2 primeros versos, o sea ocupando su mismo lugar. Incluso la comparación que se extiende para adjetivar al varón en la poesía en latín (verso 2: Aquel, si no es una impiedad, me parece que superar a lo dioses) crea una imagen “monumental” e ideal del varón que está con Lesbia. El varón que la mira pero no cede es súper poderoso, la comparación se extiende porque “aquel” se encuentra por encima de la vida erótica que caracteriza la labor poética del otro que escribe. En Catulo la mujer se verifica un medium para representar la rivalidad entre dos modelos de virilidad, el que no cede y el poeta. Ella, como el lenguaje poético, es también el medium para representar el amor, y para definir dos modelos de representación, uno griego y otro romano, una mediación para la construcción de identidades nacionales. Catulo controla su modelo griego del mismo modo que sus impulsos, adaptándolo a contextos socialmente aceptables. Para la mente romana la autorregulación masculina es una metáfora del control del Estado10. La mujer está inscripta con una doble valencia porque es la causa del debilitamiento11 pero también de la poesía. El otium equivale al abandono de la razón que conlleva la posterior pérdidad de la masculinidad y de la posibilidad de la creación poética. La ausencia de labores públicas que derivan del otium incluye una degradación moral porque el término implica vivir sin las preocupaciones de la vida civil y pública. El significado de esta palabra se desplaza desde lo personal de poema hacia la relevancia nacional de la palabra12. Sin embargo, es el otium el que sienta las condiciones objetivas y subjetivas que posibilitan la experiencia erótica y discursiva de la poética amorosa. Este tipo de ocio, que no es el otium cum dignitate13 (ocio con dignidad), está relacionado con la voluptas.
Por otra parte, el texto de Safo manifiesta una ilusión referencial que radica en contar una historia como si se desarrollara delante de nosotros. Su poética establece una identidad lírica individual, una ficción de subjetividad que se comprueba de manera universal y anónima, un Yo que habla como un sujeto lírico generalizado. Safo hereda una poética que se describe a sí misma como esencialmente actancial, o sea para ser actuada y comunicada con y a partir de la voz. El concepto que subyace es el de la poesía como medio oral porque el poema está condicionado por la cultura oral en el que se creó. La elección de las palabras que lo conforman, principalmente los verbos utilizados para la descripción de los síntomas de la enfermedad de amor están cargados de una referencia preformativa, es decir con su contexto de puesta en acto concreta del poema, que tiene que ver con la declamación oral de este poema, por ejemplo en el verso 3 hypoakúei (escucha de hypo + akuein) que implica que el que está sentado frente a ella debe agacharse y acercarse a la mujer para escucharla mejor y no tan sólo escuchar14. En la poesía de Safo las personas mencionadas sirven para marcar la posición de cada uno en la escena imaginaria; el hombre está frente a la muchacha, versos 2-3 “el que sentado enfrente y cerca de vos te escucha hablar dulcemente”lo que le permite tener una posición privilegiada en cuanto a la visión y la audición. Este ámbito escénico oral no puede ser trasladado y se ha perdido no sólo en su traducción sino también en su capacidad representativa anclada en el tiempo de la poeta griega.
En cuanto a Catulo, en el verso 4 propone spectat et audit15 (te contempla y te escucha) para reemplazar los versos v 3 y 4 (y cerca de vos te escucha hablar dulcemente y reír con placer). Este cambio supone que un hombre sentado frente a alguien tiene que estar mirando a menos que sea ciego, por lo cual Catulo agrega “spectat”. Safo utiliza construcciones sintácticas que sugieren falta de agentividad, o sea un Yo poético que no es sujeto de las sensaciones de su cuerpo sino intérprete de esas sensaciones. En el verso 15, Safo se declara cercana a la muerte (parece que por poco apenas me muero), su cuerpo se vuelve el objeto de su propia mirada porque se contempla desde fuera manifestando unsentido de alienación corporal. En Catulo el Yo poético combina la falta de agentividad del cuerpo fragmentado (versos 9-11: La lengua se entorpece, una tenue llama fluye por debajo de los miembros, los oídos tintinean con su propio sonido, las lámparas gemelas de mi rostro se cubren con noche) con la totalidad representada en los versos 5-7 (omnis –nihil/ todo – nada: … desgarra todos mis sentidos… nada resta de mí) y con un nombre en el verso 13 el vocativo Catulle (Catulo). En Safo el sudor frío del verso 13 se relaciona con el miedo y el estremecimiento (“sudor frío me recorre, el temblor me captura entera”) que sigue al calor por debajo de la piel del verso 9, creando un efecto frío/calor que tiende a la destrucción del Yo que somatiza los efectos psicológicos de los celos, verificando cuerpo y alma como uno. En Catulo, la frase “sonitu suopte tintinant aures/los oídos tintinean con su propio sonido” de los versos 10 y 11 manifiesta el ensimismamiento del Yo poético con su propia creación respecto de lo que siente por Lesbia.
Por su parte, Safo eleva el efecto de la imagen de la pérdida del habla mediante la creación de un hiato16 en el verso 9 “glóssa/ eáge” (Mi lengua estalla17) en el cual las dos rupturas de la unión de esas dos vocales forman un artificio dramático que materializa lo que el texto dice. Cuando el poeta calla muere un poco porque la voz es una pérdida crítica para el poeta oral. Si bien el paralelo en latín de esta frase es lingua sed torpet (La lengua se entorpece) en el verso 9, si tomamos la historia por sus silencios y vemos donde Catulo se detiene, comprobamos que el efecto de artificio dramático es logrado por medio del cambio abrupto de tema de los versos 13 -16 (El ocio, Catulo, te molesta, con el ocio te regocijas y te alegras demasiado: El ocio, otrora, perdió a reyes y prósperas ciudades) porque en esta otra poética los elementos más potentes en la obra de arte son sus silencios18. A pesar de que la pérdida de la voz sigue estando relacionada con la muerte, este acto de la creación resiste a la sin razón que amenaza al enamorado y al enmudecimiento que amenaza al poeta y sublima esos efectos mediante una explicación poética o metapoética de la poesía amorosa que implica que el amor no puede ser expresado sino a través de una poesía que hable de la incapacidad de hablar del amor.
En ese diálogo amoroso intertextual, donde los textos hablan a otros textos incluyendo a los lectores como sujetos constituidos textualmente19, acontece la construcción de la identidad, un ser en un texto20. El poeta enamorado de sí mismo, lo cual nos transporta a un interrogante: ¿Quién es el tercer varón que esta ahí con Lesbia y por quién Catulo más que celos, como le ocurría a Safo, siente admiración? Podríamos pensar entonces que se trata de otro Catulo, un Catulo anterior a aquel que está ahora escribiendo, si tenemos en cuenta la coda del final, con lo cual este poema 51 no es el comienzo de la relación con Lesbia, sino más bien, el comienzo de su poética. Este Catulo que escribe no es aquel que pierde el tiempo escuchando a Lesbia, sino un poeta, no un muchacho enamorado de desinteresada pasión amorosa21. La traducción entonces deviene un palimpsesto o sea el texto donde las escrituras se agregan y se multiplican una encima de la otra, lo cual genera una nueva técnica de lectura. Un texto de partida que Catulo lee e incorpora a la cadena infinita de textos, un texto que produce placer y que por ende es temible pero deseable, un mundo como fenómeno estético22 en cuyos textos se inscriben los sujetos estimulados por otros textos.
Fragmento 31 de Safo traducción Leonor Silvestri
Me parece aquel varón igual a los dioses,
el que sentado enfrente y cerca de vos
te escucha hablar dulcemente y reír con placer.
Eso verdaderamente hizo aletear
el corazón dentro mi pecho,
pues tan pronto como hacia vos miro un poco
no me es posible emitir sonido alguno.
Mi lengua estalla,
un sutil fuego galopa por debajo de mi piel,
los ojos no ven nada,
los oídos me zumban,
y un sudor frío me recorre,
el temblor me captura entera,
verdaderamente estoy más verde que la hierba,
parece que por poco apenas me muero…
Poema 51 de Catulo traducción Leonor Silvestri
Aquel me parece ser un dios,
aquél, si no es una impiedad,
me parece superar a lo dioses,
el que, sentado frente a vos, constantemente
te observa y escucha tu dulce reír.
Miserable, esto desgarra todos mis sentidos,
pues tan pronto como te veo, Lesbia,
nada resta de mí….
La lengua se entorpece,
una tenue llama fluye por debajo de los miembros,
los oídos tintinean con su propio sonido,
las lámparas gemelas de mi rostro se cubren con noche.
El ocio, Catulo, te molesta,
con el ocio te regocijas y te alegras demasiado:
El ocio, otrora, perdió a reyes y prósperas ciudades.
Dos poemas inéditos de Al fondo, la pasión de Leonor Silvestri
Lesbia
Ella me parece semejante a una diosa,
Si me lo permiten, diría aun mayor,
Ella me parece semejante a una diosa.
Sentada frente a vos constante te contempla,
Te escucha dulcemente reír.
Esto hizo aletear el corazón dentro de mi pecho
Pues con sólo mirarte un minuto Lesbia
Me siento miserable, pierdo mis sentidos:
El temblor me captura entera
Ninguna voz me queda en la boca
La lengua se astilla
El sudor galopa en llamas por debajo de la piel
Los oídos retumban con su propio sonido
Lámparas gemelas cubiertas de noche.
Demasiado tiempo libre
Me exalto, me regocijo.
Demasiado tiempo libre
Lesbia
She seems a goddess to me
more than that She seems to me
If you let me say so
a goddess to me She seems.
Sitting in front of you, watching you constant
listening your sweet giggle.
That made my heart flap inside my chest
just by having a glimpse at you Lesbia
I feel miserable, I lose my senses:
quavering catches me completely
no voice is left in my mouth
my tongue splinters
sweat gallops in flames under my skin
my ears boom with their own sound
Too much idle time
I’m aroused, I’m delighted.
Too much idle time
1 Ille mi par esse deo videtur, /ille, si fas est, superare divos, /qui sedens adversus identidem te / spectat et audit //dulce ridentem, misero quod omnes /eripit sensus mihi: nam simul te, /Lesbia, aspexi, nihil est super mi // /lingua sed torpet, tenuis sub artus /flamma demanat, sonitu suopte /tintinant aures geminae, teguntur / lumina nocte. //otium, Catulle, tibi molestum est: /otio exsultas nimiumque gestis: / otium et reges prius et beatas / perdidit urbes.
2 R. Barthes. 1995.
3 Hinds, S. 1998. Conte, G. 1986.
4 Masiello, F. 1985.
5 Sontag, S. ibidem: 5.
6 Martindale, C. 1993: 76.
7 Fraenkel. 1957: 212-3.
8 Tal como dice Borges en Pierre Menard, auto del Quijote: “Componer el Quijote a principios del siglo diecisiete era una empresa razonable. Necesaria, acaso fatal; a principios del veinte es casi imposible. No en vano han transcurrido trescientos años cargados de complejísimos hechos.” :52-53.
9 Robin, R. 1996: 24.
10 Green, E. 1999: 2.
11 Green, E. Ibidem: 1.
12 Laidlaw, D. 1968.
13 Dignitas es definida como el buen nombre y estima, la reputación.
14 Podemos incluso suponer que cuando la poeta recitaba el texto en vivo, interpretaba sus palabras como lo haría un actor moderno recitando un texto poético, dada la influencia de la poesía épica oral y preformativa tan cercana a este momento histórico donde incluso la escritura y la alfabetización se encontraba en sus albores.
15 Lo cual recuerda los versos: “ Tanto gentile e tanto honesta pare la donna mia quand’ ella altrui saluta, ch’ogne lengua deven tremando muta, e li occhi no l’ardiscon di guardare” (Tan noble y tan honesta parece mi dama. Cuando alguien saludo, que toda lengua, temblando, enmudece, y los ojos no se atreven a mirarla.) La vida nueva de Dante Alighieri.
16 El hiato es la ruptura del enlace de dos sílabas de diferentes palabras, donde una terminaba con vocal y la otra empezaba con vocal, también llamada sinalefa.
17 Recordamos a raíz de esto las palabras de Elvis Presley en su famosa canción “All shook up”: My tongue gets tied when I try to speak, my inside shakes like a leave on a tree”/ Se me hace un nudo en la lengua cuando trato de hablar, mi interior tiembla como una hoja en un árbol.
18 Sontag, S. Ibidem: 36.
19 Martindale, C:100.
20 Castilla del Pino, C. 1989: 126.
21 El poema 51 no es el único en donde Catulo trabaja el tópico de la enfermedad del amor. De hecho en el poema 50, el anterior a éste, también explora el mismo tema pero desde el amor entre varones. Más aun el poema hace referencia a la diversión en el ocio.
22 Sontag, S . Ibidem:28.

domingo, 1 de abril de 2007

MÁS ALLÁ DE TODA OSCURIDAD, un poema de Leonor Silvestri


Hoy me declaro en huelga
de mí.

Hace meses que nadie me pregunta
con quién viniste
que edad tenés
donde vivís

No son esas cuestiones relevantes.

Hoy me siento a esperar
el fin de la semana.

No quiero asistir a mi rutina.
Falto, poneme ausente.

Escucho la música que vos
me regalaste y aguardo.

Me emociona fisgonear tus objetos mentales
y preguntarme si
acaso quisiste decir algo con lo que dijiste
las canciones tendrán acaso algún mensaje.

Tus elecciones me interpelan,
el corazón humano anda a tientas
en esta niebla, es un misterio,
un azar, habernos encontrado.

Cosas mías, me da ilusión divagar,

soy un espectro, entre lo que no existe.

Me voy acordando de cosas que quería
decirte, una cajita de música,
en una juguetería, corazón de madera.

Cuando el sol se pone,
la luz que reflectan mis ensoñaciones
es fría y blanca como los nudillos disgustados
de un puño hecho ovillo.

Cuando se pone el sol,
no puedo reconocer el mapa del cielo del norte,
bóveda nocturna de estrellas cóncavas,
noche invertida en donde me encuentro yo,
si trato de llegar hasta donde estás vos.

La luna no es una salida.
Arrastra de la cabellera
como oscuro crimen pasional
en absoluto silencio de tumba
a la marea, es una boca circular,
una mueca desesperada,
profético asombro
y miedo.

En ese intersticio sobrevivimos.

Leo un hermoso poema griego,
un viejo habla, se sabe perdido,
no tiene la fuerza de la juventud
de su criatura literaria.

Lo que me sostiene, no es, como en el poema,

noche y silencio. Lo que me sostiene

me interpela y me asiste mas allá de toda oscuridad.


Leonor Silvestri